Un seguro de vida en el corazón

Un corredor con un desfibrilador interno se prepara para correr el maratón de Madrid




MADRID.- Fernando lleva en el pecho un pequeño aparato del tamaño de un móvil que graba cada latido de su corazón. Cuando éstos suben por encima de 200, el desfibrilador provoca una pequeña descarga eléctrica, su corazón se 'reinicia' y el ritmo cardiaco vuelve a la normalidad. Fernando, que está a punto de cumplir los 46, ha sufrido cuatro síncopes desde 2005, siempre mientras practicaba el deporte que más le gusta: el atletismo. Con su nuevo seguro de vida implantado bajo la piel ya tiene un objetivo en mente: correr el maratón de Madrid el próximo mes de abril.

La primera vez corría solo con su perro por San Sebastián de los Reyes. El animal se quedó atrás y al girarse para llamarlo, Fernando se quedó sin fuerzas y cayó al suelo. Se despertó desorientado y con algunos hierbajos en la boca. El GPS que le acompaña siempre que hace deporte decía que había estado inconsciente unos 25 ó 30 segundos. "Me asusté, pero lo achaqué al giro brusco de cabeza", relata a elmundo.es. "Volví a casa y al día siguiente fui al médico de cabecera, que me mandó un 'electro'".

Aquella fue la primera de una serie de pruebas para dar con la causa de su desmayo. Mientras esperaba cita con el cardiólogo en un hospital madrileño siguió haciendo vida normal como le habían aconsejado y buscando otra opinión médica. Pero el segundo síncope llegó antes de ver a sus nuevos especialistas. Esta vez corría acompañado por su mujer y la situación se repitió en las mismas circunstancias: "También iba corriendo a un ritmo suave y de nuevo duró unos 30 segundos".

Cuando la situación se repitió por cuarta vez, a los pocos meses, Fernando llevaba implantado un Holter interno que permitió ver la grabación de lo que había ocurrido en su corazón los tres minutos anteriores a su desmayo. "Fue entonces cuando detectaron que había tenido una fibrilación ventricular, me dijeron que era una cosa muy seria y que era muy raro que me hubiese recuperado por mí mismo, sin necesidad de palas", recuerda ahora.
Un fallo en el piso de abajo

El corazón tiene dos pisos. En la planta de arriba están las aurículas y, abajo, los dos ventrículos, encargados de bombear la sangre. Cuando éstos fallan, el corazón entra en una actividad eléctrica tan caótica que pierde toda su eficacia hemodinámica y su bombeo pierde la sincronía.

Eso es la fibrilación ventricular, que provoca una caída de la tensión arterial a cero y pone en marcha un fatídico cronómetro: el de la muerte celular. "Si en seis o siete minutos las células no reciben oxígeno pueden sufrir daños irreversibles", explica el doctor Julián Villacastín, responsable de la Unidad de Arritmias del Hospital Clínico de Madrid y cardiólogo de Fernando, "y las células más sensibles a esta situación son las del cerebro".

La única forma de solucionar esta situación es mediante un desfibrilador, las famosas palas de descarga. El hecho de que Fernando se recuperase hasta en tres ocasiones por sí solo "es como si le hubiese tocado la lotería", se atreve a asegurar el cardiólogo.

"Me dijeron que sólo quedaba una opción, hacerme un cateterismo para tratar de provocarme la misma situación que causaba mis desmayos y hacer un seguimiento mediante agentes de contraste, por si hubiese algún cortocircuito eléctrico que fallaba y lo podían 'arreglar' en la misma mesa de operaciones".

Esos "juegos en vivo" con su corazón dieron resultados negativos, pero los cardiólogos aprovecharon la cirugía para implantarle un desfibrilador en la misma mesa de operaciones.
Un pequeño cable hasta la pared del corazón

"Se trata de una pequeña batería implantada bajo la piel, en sus pectorales, conectada a un minúsculo cable de 3 milímetros de diámetro", explica el doctor Villacastín. El cable se introduce por una vena hasta el interior del corazón y entra en contacto con las paredes de su músculo cardiaco, controlando en cada momento las señales eléctricas y transmitiendo los datos a la batería.

Cuando el corazón de Fernando se pone por encima de 180 pulsaciones o sufre alguna irregularidad, el aparato graba el electrocardiograma correspondiente a ese período y lo guarda para ser leído en la próxima revisión con el médico. Pero cuando el ritmo cardiaco supera las 200 pulsaciones, el mismo cable emite un impulso eléctrico que le provoca un fuerte choque, "como los de las palas que todos hemos visto en las películas y que yo siento como una coz en el pecho". Sólo le ha pasado una vez desde que lleva el desfibrilador, "porque me lo calibraron demasiado bajo y el aparatito interpretó que iba a 200 pulsaciones cuando no era así", bromea este corredor, ex campeón de España de veteranos en 800 metros.

Fernando está convencido de que lleva "un seguro de vida en el pecho" igual que piensa que "algo le tocaron en la mesa de operaciones y arreglaron el problema", porque desde que lleva el desfibrilador no ha vuelto a sufrir ningún desvanecimiento. "Sigo revisiones casa seis meses y dentro de cuatro o cinco años tendrán que abrirme para cambiarle la pila".

De momento sigue saliendo a correr cuatro o cinco días a la semana, muy pendiente de sus pulsaciones: "Me fío más del ritmo que llevo, a unos 5,5 ó 6 minutos el kilómetro, que del pulsómetro porque se le va la olla y se desajusta por el desfibrilador".

Al principio le dijeron incluso que se olvidase de volver a ponerse las zapatillas, "pero los médicos debieron pensar que sería peor el remedio que la enfermedad" y acabaron cediendo a su intención de hacer una vida lo más normal posible. "También me dijeron que además de la suerte, en mi caso intervino el hecho de tener un corazón muy fuerte, fortalecido después de muchos años de hacer deporte con regularidad". Su médico sonríe cuando sale el tema: "A veces los médicos somos demasiado prohibicionistas", bromea, "pero nuestra intención es facilitarle al paciente la mejor calidad de vida posible, y para Fernando correr es fundamental".

Más cauto se muestra cuando se le menciona la posibilidad de que su paciente corra el maratón. "Un corazón sano ya es bastante sensible a las sustancias que se pierden durante la prueba, como el potasio, por ejemplo, que puede favorecer las arritmias", explica, "pero es probable que pueda hacerlo". No descarta incluso utilizar "algún ingenio" que permita conectar el desfibrilador con algún monitor exterior para ir siguiendo en directo el estado de su corazón. "Llegaré hasta donde pueda llegar", concluye por su parte Fernando.

Por María Valerio
Fuente: El Mundo