Existe una serie de consideraciones previas que debemos tener en cuenta antes de usar la masoterapia con un paciente. Entre estas generalidades podemos distinguir entre las que están relacionadas con las técnicas del masaje, con el paciente, con el fisioterapeuta, con el método de contacto o con el ambiente.

Con respecto a las propias técnicas, debemos tener en cuenta la regla del “no dolor”. Esto no quiere decir que no provoquemos sensaciones nociceptivas, sino que éstas no deben ser tan altas que provoquen una contracción involuntaria. También es importante evitar realizar masaje en zonas sensibles muy vascularizadas e inervadas, como zonas del cuello, las axilas, las ingles y los huecos poplíteos. En general, todas las maniobras se realizan de forma suave y progresiva (especialmente en casos de hipersensibilidad del paciente), en sentido de las fibras musculares y de la circulación de retorno, salvo en técnicas específicas.

Respecto al paciente, es importante que la zona a masajear esté relajada. Un músculo en contracción no se presta a la manipulación de nuestras manos, además de que es más sensible al dolor. Para conseguir esto, debemos colocar al paciente en una posición cómoda, que deje libre y a la vista la zona en la que vayamos a trabajar.

Por otro lado, es muy importante cuidar el ambiente en el que hacemos los masajes. Debe haber una temperatura cálida, aunque no demasiado (unos 26º C), la atmósfera no debe estar cargada y no debe haber una luz muy intensa. Además es recomendable realizar el masaje en una habitación individual y en silencio, pues los ruidos y la conversación pueden dificultar la relajación.

A la hora de usar el medio de contacto (aceites, cremas…), debemos cuidar que éste no sea muy graso ni muy pegajoso, pues esto dificultaría la realización del masaje. Esta sustancia será vertida sobre nuestras manos, para calentarlos, y nunca se echarán sobre la piel del paciente.

En cuanto a nosotros, los fisioterapeutas, debemos adoptar las posiciones y posturas necesarias para trabajar con comodidad y evitar lesiones. Para ello debemos ajustar la postura de la camilla, mantenernos con las rodillas semi-flexionadas, y cualquier otra adaptación que se nos ocurra. Para conseguir esto es importante que nos mantegamos en una buena forma y estado físico.

Respecto a nuestras manos, a la hora de dar un masaje deben estar libres y a una temperatura ligeramente superior a la de la piel del paciente. No deben llevarse anillos o pulseras y las uñas deben estar limpias y cortas.

Por último, el tiempo que debe durar un masaje depende del objetivo que queramos conseguir. Tiene que durar lo suficiente para conseguir este efecto pero no demasiado, pues pueden aparecer complicaciones. De esta forma, un masaje de drenaje linfático puede durar más de una hora, un masaje relajante dura unos 20 minutos, mientras que un masaje de Cyriax en período agudo dura apenas unos minutos.

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