HIDRATACIÓN
Todos sabemos que el agua es el componente más abundante para el cuerpo humano y, por tanto, esencial para la vida. Se trata de un compuesto acalórico (no energético) que resulta fundamental para que el organismo se mantenga estructurado y en perfecto funcionamiento. La pérdida de tan sólo un 10% del agua corporal implica un riesgo grave para la salud.
Dentro de sus numerosas funciones, la termorregulación, o mantenimiento de la temperatura corporal, es una de las más importantes. El agua ayuda a liberar el exceso de calor que se produce en el interior de nuestro cuerpo( por ejemplo, cuando salimos a correr) mediante la sudoración. Así, nuestro organismo debe eliminar esa gran cantidad de calor para no provocar un aumento de la temperatura que tendría consecuencia muy negativas. La sudoración, al tiempo que enfría el cuerpo, produce una importante pérdida de líquidos.
El grado de producción de sudor depende de multitud de factores que son, principalmente, externos. Entre ellos, destacan la duración o intensidad de la actividad física, la temperatura y humedad ambientales, el vestuario, etc.
LA IMPORTANCIA DE HIDRATARSE
Para mantener un buen estado de hidratación es necesario beber la cantidad de líquidos adecuada, de forma que se puedan reponer el agua y los electrolitos perdidos con el sudor. Los electrolitos son partículas que ayudan a regular el equilibrio de los líquidos en el organismo y que se encuentran en el plasma y en el sudor. Los más importantes son el sodio, el cloro y el potasio.
De ellos, sodio y potasio son esenciales para el funcionamiento de los músculos. Si se restringe la ingestión de líquidos antes, durante o después de la actividad física y no reponemos suficiente electrolitos se pueden producir sistemas de deficiencias, como calambres musculares, apatía o debilidad.
La disminución del agua contenida en los tejidos da origen a la sed, que es la señal que anuncia que tenemos problemas de hidratación. Por eso hay que beber antes de tener la sensación de sed.
Pero en las grandes pérdidas de líquidos que se derivan del ejercicio, la desaparición de la sed no implica que el organismo haya alcanzado el estado de equilibrio entre las pérdidas y ganancias de agua. La sed es una señal de alerta, pero no un indicador fiable de la necesidad de líquidos del cuerpo. Por eso hay que tener el hábito de hidratarse adecuadamente durante todo el día.
LAS BEBIDAS DEPORTIVAS
Cumplen unos ciertos objetivos entre los que podemos destacar: el aporte de una cierta cantidad de hidratos de carbono que mantenga una concentración adecuada de la glucosa en sangre (muy importante en los ejercicios de larga duración, porque retrasa la aparición de fatiga); la reposición de electrolitos, sobre todo el sodio (con este elemento se mejora el sabor de la bebida y la absorción de la glucosa a nivel intestinal); y evitar la deshidratación (estas bebidas saben mejor, por lo que se consumen con más facilidad que el agua).
Se pueden distinguir diferentes tipos de bebidas: isotónicas, nutritivas, con carbohidratos, con electrolitos… Presentan una composición específica con el fin de conseguir una rápida absorción del agua y los electrolitos perdidos con el sudor durante la práctica deportiva. Estas bebidas también suelen llevar carbohidratos, macronutrientes que nos aportan energía fundamental para el desarrollo de la actividad física y las funciones vitales (son, por ejemplo, imprescindibles para el funcionamiento del cerebro). Pero, además, los carbohidratos son el combustible principal del músculo que hace ejercicio.
Las soluciones con un contenido en carbohidratos pequeño (inferior al 6%) se comportan de manera similar al agua, pero además aportan energía al músculo en ejercicio. Se recomienda tomar antes del inicio de la prueba unos 300-500ml de alguna solución que contenga cierta cantidad de carbohidratos.
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