En honor a nuestros foristas argentinos

"No me quiero volver loco, quiero darme tiempo"

A Germán se le piden resultados ya, pero frena y se traza objetivos lógicos para sus 20 años, como llegar a una final en los Juegos en vez de hablar de medallas.

Pasó unos días de descanso en Punta del Este, durante una presentación de Nike. Claro que, además, aprovecha para estar con los suyos en Santa Fe, donde nació y disfrutó parte de su vida hasta que el adolescente Germán Chiaraviglio guardó las garrochas en un bolso bien largo y se convirtió en ciudadano del mundo. Con resultados y saltos cada vez más altos, este pibe de 20 años generó, él solo, un merecido espacio en los medios dentro de una disciplina que no es masiva. Ya profesional, se entrena con Vitaly Petrov, quien fuera guía del gran Sergei Bubka y lo es de la gran Yelena Isinbayeva. Germán se codea entre los grandes del salto con garrocha...

—¿En qué etapa estás?
—Los primeros días de noviembre arranqué pensando en el 2008, es la famosa pretemporada, en la que apuntás a la capacidad aeróbica, el entrenamiento físico. La parte más pesada, la que menos nos gusta a los deportistas.

—¿Cuándo y dónde empezás a competir?
—Si bien voy a comenzar en febrero, no apunto a eso. No lo tenía programado, pero quiero ir a Ucrania porque es un torneo que organiza Bubka, quien me mandó una invitacion. Pero yo le había dicho no a la temporada indoor para hacer una preparación más larga con miras a los torneos del verano europeo y los Juegos Olímpicos.

—O sea que no vas a buscar marcas a Ucrania...
—No, pero voy a competir con la mayor responsabilidad, no es que me voy de joda. Ojalá logre una buena marca, pero apunto a tener rendimientos importantes desde fin de abril.

—Hablaste de los Juegos. ¿Cuál es tu meta?
—Es difícil. Ni el que está en condiciones de sacar una medalla puede decirlo. Hay muchos factores que influyen. Hoy, mi mejor marca (5,71 metros) me daría chances de entrar a una final. Para llegar a la medalla necesitás más.

—¿Cuánto más?
—Con 5,90 van a estar el oro y la plata; para un bronce, 5,85. A mí me gustaría entrar a la final. Supongo que van a pedir 5,75. Apunto a saltar más de 5,80; es difícil, pero posible. Yo lo planifiqué para el 2007, pero se dieron circunstancias, errores. Soy joven y me puedo equivocar. Este año las cosas van a andar bien, tengo mucha fe.

—¿Cómo se hace para sumar 15 centímetros?
—Yo no me entreno para esos 15 centímetros, sí para saltar cada vez más. Cuando agarrás una garrocha más larga y más dura, sabés que te va a impulsar más arriba, pero para agarrarla tenés que estar bien física y técnicamente. Podés ser una animal físicamente, pero si no sabés cómo saltar... Es una conjunción de cosas que hacen al entrenamiento. Con el tiempo vas mejorando.

—¿Tenés la estructura para mejorar?
—Sí. Yo apunto al día de mañana estar entre los mejores saltadores del mundo, como lo hice en juveniles. Tengo 20 años y los mejores tienen de 26 para arriba. No me quiero vover loco, quiero darme tiempo. La estructura está, la técnica también; en el apoyo económico hubo una evolución. Hay que darle tiempo, laburar y entrenarse, todavía me queda mucho.

—¿Cómo manejás la ansiedad cuando de vos se esperan resultados ya?
—Primero trato de disfrutar lo que hago, gracias a Dios lo puedo hacer. Y no volverme loco con eso. Quizás los periodistas o la gente, de buena onda pero sin conocer mucho, me quieren ver arriba ya. Es lógico, los argentinos somos así. Pero dije que este año me lo voy a tomar al revés de la gente. Cuando más se acerquen los Juegos Olímpicos, mayor será la locura. Si yo me voy y me voy, va a ser muy difícil tocar el piso, te vas para arriba. Por ahora, las cosas las estamos haciendo bien, pero obvio que pueden surgir imponderables: a veces algún dolor, una lesión...

—¿Qué te falta mejorar?
—Ajustar detalles técnicos básicamente, aplicar mejor la fuerza en la base de la presentación de la garrocha, que es el 70% del salto. Si lo hacés mal, perdés la velocidad que traés en la carrera, esos 40 metros que son fundamentales.

—Al ser un deporte con nociones específicas, ¿tuviste que estudiar algo especial, como física?
—No. A mí me gusta mucho mirar, agarro videos de Bubka, analizo porqué alguien salta más o menos, hablo con mi viejo, que es profe y tiene experiencia.
Aparte, el ruso (Petrov) por ahí me ve saltar y enseguida me dice "fijate que el brazo izquierdo estaba mas bajo". ¡¿Cómo lo vio?! Está bueno porque el ojo de un técnico tiene que estar.

—¿Cómo es la vida de un atleta en la Argentina?
—No es fácil. Pero me pongo en las dos veredas. Es lógico que nadie te apoya si no ve resultados ni una retribución rápida en los diarios, como sí existe con el tenis, por ejemplo. En los deportes masivos es más fácil, sobre todo para el sector privado. El Estado sí apoya a esos deportes no tan vistos. Se encarga un 98%, aunque por ahí no alcanza. Pero con las posibilidades que hay, tenés que arreglártelas. Salvo cada cuatro años, con los Juegos, cuando vas a ver mucho más apoyo privado y estatal porque saben que aparecés en los medios. Nos viene bien que para la Secretaría de Deportes hubo un aumento de presupuesto, también algún apoyo del Comité Olímpico habrá; después estará lo que cada uno pueda conseguir, te movés por tu lado.

—La situación del atletismo no ayuda: recién Alejandra García llegó a una final olímpica, en el 2004, después de 48 años...
—No hemos tenido logros internacionales, y me gustaría ayudar a revertirlo, aunque no creo que el atletismo se convierta en fútbol el día de mañana. Sí quiero tratar de ayudar para que progrese un poco, encima porque es un deporte formativo. Con 20 años, no me voy a poner a hablar de política de desarrollo, pero creo que falta una inyección importante en el medio del camino, en los clubes. Prácticamente no existe el atletismo en los clubes, está muy devaluado. El pibe termina el colegio y se va a laburar, ahí hay que generar ingresos.

—¿En quién encontrás tu principal apoyo?
—Mi viejo (Guillermo) ha sido un compañero y amigo. Un deporte individual es duro: te entrenás solo, viajás solo, muchas veces juega el factor psicológico. Ha tenido mucho que ver mi viejo. Si bien él es del ambiente, me apoyó en mi locura de ser un atleta en vez de dedicarme a una actividad más segura en cuanto a una remuneración. El y mi vieja fueron mis sponsors principales y sé que van a estar siempre.

—Tenes 20 años, estás viviendo una vida atípica para tu edad. ¿Te perdiste muchas cosas?
—Muchas veces pongo en la balanza el tema de la adolescencia, las cosas de la parte social que vas dejando de lado: salir a la noche, compartir con tus amigos. Pero también pienso que desde los 17 años estoy afuera, en Europa. Mis amigos no han tenido esa posibilidad. Por eso me reconforta, me pone contento. Pienso que dejo algo, no que pierdo algo.

—¿Terminaste el colegio?
—No estuve los últimos años, pero por suerte fui a un colegio privado que tuvo una gran predisposición y flexibilidad. Di los exámenes en épocas y horas no habituales. No era traga, pero tampoco bagre. Trataba de zafar y me recibi.

—¿Se te complicó el viaje de egresados?
—Ja. Es una buena anécdota. Fue en el 2004, tenía 17 años y estaba en el Iberoamericano de Huelva. Sabía que si saltaba 5,55 me clasificaba a los Juegos de Atenas, que coincidían con el viaje a Bariloche con mis compañeros. Los llamé por teléfono y les dije que me aguantaran, que si no lograba la marca me iba con ellos. Al cabo me quedé con las ganas de ir a Atenas, ¡pero me fui a Bariloche! En frío, dije que por lo menos había cumplido una etapa de mi vida, el viaje de egresados con mis compañeros, y que para ir a los Juegos habría otra oportunidad. Más allá de la experiencia que me hubieran dado, estoy contento por cómo se dieron las cosas.

—Contame cómo es eso de que seguís al sol...
—Sí, ja. Un poco por gusto, porque sufro el frío. Además, en la época del verano europeo están las competencias y en el nuestro trato de estar acá con la familia, más allá de hacer la pretemporada. En la Argentina se puede hacer.

—Después, a Italia...
—En Formia plantamos bandera de junio a septiembre. Existe un convenio entre los comités olímpicos de Argentina e Italia. Ahí me entreno con Petrov y también está Isinbayeva, la mejor saltadora del mundo, una campeona dentro y fuera de la pista.

—¿Ya pensaste en una edad para retirarte?
—Depende de la edad con la que empezaste. No voy a saltar hasta los 38, como algunos. A los 33, 34 bajo la persiana.

Fuente: Corrientes Noticias

Germán Chiaraviglio