Una entrevista que gustará sobre todo a los menos jóvenes

«Me entrenaba con albarcas o con zapatillas que me compraba en 'Los Invasores'»



Constantino Esparcia, aquel atleta salido de una aldea junto a Santa Ana, es sin duda uno de los deportistas más importantes que ha tenido Albacete. Los tres títulos de campeón de España de campo a través y varios subcampeonatos están al alcance de muy pocos en nuestro país, quizá es algo que no se vuelva a repetir. Esparcia, que se hizo atleta por fuerza y tesón, llegó a la cumbre del cross nacional y dio un ejemplo de comportamiento deportivo en cada carrera. Hoy, ya retirado, sigue siendo un amante del deporte que mira con cariño sus años en el atletismo.

-¿Cómo recuerda usted sus primeros pasos en el atletismo?
-Yo empecé en Albacete. Estaba en la aldea y empecé a estudiar en el Taller Escuela Sindical. Me acuerdo que el primer día de colegio don Evaristo, que era el profesor de gimnasia, estaba haciendo unas pruebas para el Campeonato Escolar, que se hacía en el circuito del butano, por el campo de fútbol. Yo no había corrido nunca y me dijeron que a correr. Yo venía salvaje del campo, de trabajar y corrí. Mi sorpresa es que quedé primero, iba con zapatos y sin zapatillas ni nada. Me dijo que el domingo debía ir a correr al campo de fútbol. Cuando llegué a casa yo no podía decir a mi padre que me iba a correr, porque en el año 1972 había que trabajar en el campo los fines de semana y le dije que iba a recuperar matemáticas. El domingo cogí mi bicicleta desde el Molino los Praos a Albacete, que hay 10 kilómetros y me marché en una mañana de niebla. Con una camiseta del Barcelona que me habían dejado, porque no tenía otra, corrí y casi me muero pero gané. De ahí me fui casa y no dije nada pero estuve una semana en la cama con un gran constipado. A raíz de eso me entró ese gusanillo. Más tarde fui al Campeonato de España Escolar y quedé tercero en Madrid, y otras carreras nacionales. Corría con zapatillas normales, sin clavos. Esos fueron mis comienzos, durísimos.

-¿Cuándo se enteraron sus padres de que estaba corriendo casi cada fin de semana?
-De casualidad. Corrimos ese campeonato y la final era en Hellín. Yo dije que iba a recuperar matemáticas y me fui a Albacete en bicicleta y desde allí con el resto de compañeros del equipo a Hellín. Allí corrían chavales de la zona de Alicante y Murcia. Quedé tercero y aparecí en una foto grande en La Verdad. No tenía ni chándal y parecía con una trenca de aquellas. Un vecino del piso que teníamos en Albacete llevó el periódico a mi casa y lo vio mi madre y mi padre y así se descubrió el pastel. Fue una bronca grande pero tuvieron que entender que me gustaba eso. Entonces el deporte no era como ahora, se entiende que es algo bueno para la salud, pero entonces el deporte era perder el tiempo y había que trabajar en el campo. Me llevé una buena bronca porque descubrieron que no iba a recuperar matemáticas, que me iba a correr y los estaba engañando. Menos mal que hubo gente que le dijo a mi padre que me dejase correr, que quizá podría prosperar y hacer cosas. En este deporte no se ganaba dinero pero podía viajar y conocer gente, salir un poco de la aldea y ver otras cosas.

-El salto hacia el profesionalismo se produjo unos años después cuando fichó por la sección de atletismo del Valencia.
-Estuve así unos tres años corriendo en Albacete. También estuve un año lesionado porque no había corrido nunca y de momento ponerte a entrenar pasó factura. Recuerdo que entrenaba además con unas albarcas o con unas zapatillas que compraba en los invasores y se me rompían y les metía un cartón, una miseria. Después de la Olimpiada de Montreal vino Rafael Blanquer a hablar conmigo y con mis padres y me ficharon para ir al Valencia, con 17 años. Allí ya entrené mucho, había otras condiciones y otro nivel. Lo pasé mal pero ya corrí pruebas de más nivel y en el Campeonato del Mundo Júnior de campo a través acabé cuarto. También estaba estudiando Formación Profesional. Era una vida un poco dura porque yo no había salido del pueblo y marcharme a Valencia con 17 años la verdad es que lo pasé mal.

-En una de las primeras entrevistas que le hicieron tras sus primeros grandes éxitos relataba usted que en Valencia sonaba el teléfono en su habitación y no lo cogía nunca porque no sabía que era.
-Sí, es verdad. Yo nunca había hablado por teléfono y cuando llegué allí lo escuchaba y me ponía nervioso porque no sabía lo que era. Fue un cambio grande porque en casa no teníamos ni luz eléctrica, ni teléfono. Era una casa de campo sin ninguna comodidad, no había ni baño. De todo eso a ir a una ciudad como Valencia, y encima siendo un crío, era dura. Además con gente mayor que yo, todos universitarios. Pero yo era como una esponja y quería aprender muchas cosas.

-Tras varios años en Valencia se produce el salto a la élite nacional, sin olvidar tampoco su porvenir profesional.
-En Valencia estuve cuatro años y destaqué bastante y fui a mi primer Campeonato del Mundo señor. Luego vino el servicio militar y hubo un parón. Cuando lo acabé me di cuenta que debía hacer otras cosas porque el atletismo, desgraciadamente, no daba dinero y hubo que buscarse la vida. Tenía un amigo en la Policía y pensé que allí podía tener un sueldo y quizá podría seguir entrenando. Cuando dije que quería entrar en la Policía mis compañeros bromeaban y me decían que si es que quería ser madero. Yo la verdad es que me daba igual porque quería buscarme un porvenir porque no quería volver otra vez al campo a coger patatas y ajos. Hice una oposición y entré en el Cuerpo Nacional de Policía. Ahí también fue dura la vida al principio porque tuve que demostrar que no quería escaquearme y que hacía deporte de una forma seria. Eran tiempos difíciles, era la época del cambio y la Policía se veía como algo raro, ahora afortunadamente tenemos otra imagen. Tuve facilidades, demostrando primero el nivel y además que el amigo José María García me echase una mano porque estaba bastante fastidiado. Había sido dos veces subcampeón de España en los años 83 y 84 y en el 85 fui por primera vez campeón de España, ese fue mi salto definitivo y desde entonces comencé a tener un estatus, a poder entrenar y tener una imagen en la Policía.

-Desde el año 1981 residía en Madrid y algo después estuvo becado en la Residencia Blume.
-Sí, en la Blume estuve dos años iniciales más duros. En el año 84 ya tuve una beca y era otra cosa, tenía un entrenador bueno como José Luis Pascua, que entrenaba a otros atletas importantes y entre ellos estaban Antonio Prieto. Ahí es donde yo empecé a ir para arriba.

-Para entonces tanto usted como para su familia ya se habrían acostumbrado a lejos unos de otros pero antes lo habrían pasado mal.
-Imagínate. Mi madre, gente del campo, gente que era una piña y un buen día su niño le dice que se iba. Fue duro pero también veía que podría tener algún futuro, labrarme un porvenir y no estar allí. Eran otros tiempos y quizá ahora podría quedarme en Albacete y no salir fuera, pero entonces la única forma era marcharme. También me decían que me iba pero que pronto volvería. Fue duro para todos pero siempre se aprenden cosas, en mi vida me ha marcado y siempre me ha valido.

-¿Cómo vivió sus primeros éxitos deportivos en los Nacionales?
-La verdad es que no me lo podía creer porque cuando empecé nunca pensaba que podía llegar. Sabía que tenía muchas ganas pero no que podía ser campeón de España, no me lo imaginaba. Lo viví con mucha ilusión pero trabajando, esto no te llega como al que le toca la lotería, hay que entrenar mucho y muchas horas. Empecé quedando en los Campeonatos de España entre los diez primeros, que ya está bien, poco a poco fue subiendo, quedé dos veces subcampeón y luego campeón, y ahí se ve una diferencia grande en todo, eso hizo que se me reconociera lo que había trabajado, fue la recompensa de todos los años anteriores.

-Vivió un momento muy dulce para el atletismo español y pese a todo logró tres títulos nacionales.
-Había corredores como Antonio Prieto o Abascal, que hacía también medio fondo. Abel Antón y Martín Fiz eran algo más jóvenes y han aguantado más que yo pero también están retirados. Con José Luis González también tuve que pelear bastante y cuando eran carreras rápidas no podía con él pero cuando había barro y era duro se lo ponía difícil. Había un grupo muy bueno y había una gran lucha. Ahora quizá hay nivel pero vienen muchísimos extranjeros. Antes había dos o tres españoles luchando en la cabeza de las carreras y es lo que hace que a la gente le guste el atletismo.

-Uno de los títulos nacionales lo logró pese a sufrir un pisotón que le hizo una brecha en un pie.
-Sí, eso ocurrió el último año que quedé campeón de España. Ese año no estaba yo muy bien, estaba en la Blume y no me encontraba muy bien de forma. Esa semana recuerdo que llegó por allí a la Blume mi amigo Sánchez Marín y me dijo que tenía que correr y se ofreció a acompañarme, y me llevó el. Se vino a Lasarte y la verdad es que me acordaré siempre de eso. El día de la carrera salimos, había mucho barrio, y uno de los compañeros mi pisó y me hizo una herida, una brecha grande; afortunadamente la zapatilla la tenía muy bien atada y no me la quitó. Al sufrir esa brecha decidí irme hacia delante y gracias a eso me despegué de Abel Antón, que si me hubiera quedado en el grupo me habría ganado Antón, porque era más rápido que yo. Me fui del grupo y quedé campeón de España y no lo podía creer. Cuando acabé Sánchez Marín me decía "has visto, has visto". Fue mi último Campeonato de España y no me lo esperaba porque además había gente muy buena como Abel Antón y Prieto.

-Llegó la retirada y pesaron, entre otras cosas, motivos de salud.
-Los años van pesando y también las lesiones. También me fastidió que cogía unas enormes anemias y tenía que parar. Me dijeron que había un medicamento que podía solucionarlo, que ahora es famoso pero entonces lo estaban experimentado, que era Epo. Tuve la gran suerte de estar estudiando el curso de entrenadores de atletismo y el catedrático de que nos daba medicina me recomendó que no era recomendable de cara al futuro «atente a las consecuencias más adelante», me dijo. Yo preferí dejar mi carrera deportiva y no hacer un tratamiento que pudiese tener consecuencias más tarde. Fue un poco amargo dejar el atletismo, porque me gustaba y quería pero el organismo no me respondía. Tenía 37 ó 38 años y todavía podía correr, pero no pude seguir.

-En la actualidad ha dejado el deporte y está dedicado a su familia y a su profesión.
-Después de dejarlo me dediqué, por un lado a ir ascendiendo en el Cuerpo de la Policía, ya soy Inspector. En el deporte estuve dentro de la Policía llevando equipos y el tema deportivo, también colaboré con el Ayuntamiento de Albacete en la Milla. Tampoco me dediqué mucho al deporte porque he estado dedicado a mi familia y al trabajo. Me hubiera gustado mucho porque para ello hice el curso de entrenador pero se necesitan muchas horas, aunque aún no lo descarto. Esparcia presume de albaceteño por donde va y la pena para él es no estar más en contacto con la ciudad y con el atletismo de nuestra provincia.

-¿Tiene relación con el atletismo albaceteño?
-Llevo unos años con poco contacto después de aquello que hacíamos de la Milla. Estuve hace poco en una entrega de premios y me sorprendió el ambiente que hay allí alrededor del atletismo. Es difícil que salga gente porque a los chavales jóvenes les gustan otros deportes o jugar con los videojuegos, esto es muy sacrificado y tampoco da mucho.

-El deporte ha cambiado mucho desde que corría.
-Todo ha cambiado, cuando íbamos a las carreras y veías a algunos con zapatillas de marca conocida decíamos "ese corre", los demás íbamos con marcas malas. Ahora todo el mundo tiene material de calidad, pero hay que entrenar y sigue siendo duro.

-¿Es complicado que pueda regresar a Albacete para quedarse?
-No lo sé, he estado varias veces cerca de ir y se truncó la cosa. Mis padres y mis hermanos viven en Albacete y aún no les he dicho nada, pero el otro día pude ver que van a salir tres o cuatro plazas para Albacete de mi trabajo y me lo estoy pensando. No lo sé, aunque yo voy a acabar en Albacete, me gusta y sigo ejerciendo de albaceteño. Yo soy de Albacete, siempre lo digo vaya donde vaya y a mucha honra. Acabaré en Albacete, pero ahora también tengo otras cosas, temas médicos y tengo que estar en Madrid, ojalá vaya todo bien y dentro de unos años me pueda ir. Me tira aún la tierra.

-¿Le gustaría que alguno de sus dos hijos siguiese sus pasos?
-Mi hija ha corrido alguna carrera pero nada más. El deporte me gusta pero yo veo que lo que hice en su momento fue una burrada. Deporte sí pero de competición hay que pensarlo dos veces antes de hacer deporte porque es durísimo, hay que pegarle grandes palizas al organismo y luego caen las goteras. Le gusta y ha corrido alguna carrera pero no la he animado. Mi hijo también hace algo y ahora dice que hará INEF y bien. Si quieren bien pero no les voy a inculcar eso.

FICHA PERSONAL

Nombre y nacimiento: Constantino Esparcia Sánchez nació el 25 de febrero de 1959 en Albacete, en concreto en la aldea Molino de los Prados, que está situada entre Albacete y Santa Ana. A los 17 años se marchó a vivir a Valencia y cuatro años después se marchó a Madrid, lugar en el que reside en la actualidad.

Títulos: El albaceteño fue tres veces campeón de España absoluto, en los años 85, 87 y 88. Además fue dos veces segundo en los años 83 y 84. Participó en 13 Campeonatos del Mundo, siendo su mejor puesto un décimo quinto puesto. En el Mundial fue dos años tercero por equipos. En el año 1986 ganó el prestigioso Cross de Lasarte, siendo uno de los pocos españoles que ha logrado allí la victoria. En pista cubierta fue subcampeón de España en 10.000 y 5.000 metros.

Años en el atletismo: Esparcia comenzó a correr en el año 1972 cuando estudiaba en Albacete, en la TES (Taller Escuela Sindical). Estuvo corriendo hasta el año 1993. Especialista en cross pero también corría en pista durante los veranos.

Ocupación actual: En la actualidad es Inspector de Policía y está retirado del atletismo.

Marino Martínez 10.02.08
Fuente: La Verdad

Aprovecho para rescatar de la hemeroteca virtual de El País una entrevista de Juan Mora de 1985.

Constantino Esparcia, de vivir sin luz en la huerta a figura del atletismo español · ELPAÍS.com