Atletismo
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Ana Amelia Menéndez

  1. #1
    Fecha de Ingreso
    Sep 2007
    Localización
    Asturias
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    Ana Amelia Menéndez

    A 510 metros, el Olimpo



    Quinientos diez metros pueden parecer poca cosa, pero en el caso de Ana Amelia Menéndez le permitieron entrar en el Olimpo. Llegó a los Juegos de Atlanta lesionada, dolorida en el cuerpo y en el alma por la impotencia de no estar a tope que sentía en el gran momento de su carrera deportiva. Sabía que podía ser su única oportunidad olímpica y no se resignó a quedarse como una simple espectadora. Acertó. Cuatro años después, pese a tener el billete en el bolsillo, ni siquiera pudo viajar a Sydney. Cuando recuerda su experiencia olímpica, Menéndez tiene sentimientos contradictorios. Los 510 metros que recorrió en la pista de Atlanta certificaron su participación. Los dolores que le impidieron completar los 800 la dejaron tocada.

    El atletismo de competición, el que lleva aparejado la máxima exigencia, fue sólo un paréntesis en la vida de Ana Amelia Menéndez. Antes y después, sólo fue un entretenimiento, parte de la rutina diaria. Desde los 12 a los 19 años, los ánimos de su entrenador, Juan Luis García, pesaron más que su escasa ambición atlética. Tanto en el Colegio San Miguel de Trevías como en el instituto de Luarca, su principal preocupación, respaldada por su familia, era el expediente académico.

    El traslado a Oviedo, para estudiar Enfermería, empezó a cambiar su escala de valores. No hasta el punto de poner delante el atletismo, pero el ambiente del CAU le fue ganando para la causa. Curiosamente, su primer entrenador en la pista de San Gregorio fue Jorge Egocheaga, al que sucedieron Luis Miguel Álvarez Len y Raúl Fidalgo. Tras unos escarceos atípicos en los 400 metros vallas, que dejó pronto «harta de pegarme trompazos», encontró su sitio en los 800.

    En el verano 1992, con 20 años recién cumplidos, Ana Amelia Menéndez estaba tan lejos de su sueño olímpico como, físicamente, de España. «Mientras se celebraban los Juegos de Barcelona, yo estaba en Estados Unidos, en un intercambio con una familia americana. Como veía que corría bastante, la madre me decía que cuatro años después igual volvía a Estados Unidos para participar en los Juegos Olímpicos en Atlanta».

    En aquel momento le pareció ciencia ficción, pero dos años después Ana Amelia Menéndez empezó a presentarse en sociedad como atleta de élite. «Pensé que merecía la pena esperar un par de años para buscar trabajo, con gran disgusto de mis padres», destaca la treviense, que no tardó en ver los resultados. Su progresión apuntaba a un 1996 en plenitud. Aparentemente, todo fue bien: campeona de España en pista cubierta, séptima en el Europeo y mínima olímpica (2-00-88).

    Pero detrás se escondía el sufrimiento de una mujer que había forzado demasiado la máquina para estar a la altura del reto que asumía. Los dolores de espalda, originados en una vértebra, irradiaban hacia las piernas. Logró la mínima olímpica, en Granada, una tarde sin dolores, pero «cuando llegué a casa estaba coja». Su único objetivo era llegar a Atlanta como fuese, sobre todo al comprobar que había entrado en otra dimensión.

    Un domingo, hasta aparecieron por su pueblo dos oficiales de la Federación Internacional de Atletismo (FIA) para un control antidoping por sorpresa. «Acabaron tomando un culín de sidra con mi padre», señala Menéndez, que pasó sus apuros para combatir el dolor sin tomar productos prohibidos. Lo consiguió: «Llegué a Atlanta a trancas y barrancas». No pudo disfrutar mucho de la villa olímpica porque le atenazó la responsabilidad y el miedo al fracaso. Sobre todo después de la arenga del presidente de la federación, José María Odriozola, reclamando al equipo de atletismo «más medallas que en Barcelona».

    Ana Amelia Menéndez no estaba para pensar en podios. Y menos como afrontó su serie clasificatoria: «Me fastidiaba mucho no estar bien y ya calenté fatal. Pero tenía claro que tomaba la salida como fuese. Aguanté hasta donde pude, hasta los 510 metros exactamente, cuando el dolor ya no me dejaba estirar la pierna. Eso sí, no estaba descolgada. Me retiré en el pelotón».

    Lloró como una magdalena y le hubiese gustado desaparecer. Lo que menos necesitaba en ese momento era encontrarse con alguien como Odriozola. Pero sucedió: «Nada más verme en la villa olímpica me dijo que cómo podía venir a unos Juegos y retirarme». Prefirió no contestar. Disfrutó del ambiente olímpico durante la semana que quedaba, pese a los problemas para ir a las competiciones. «Ahí me quedó claro que lo importante no es participar. Los deportistas somos como los bufones». Se emocionó en la ceremonia de clausura. Quizá presentía que no habría más.

    Ana Amelia Menéndez Bernardo

    Nació el 17 de marzo de 1972 en San Martín de Villanueva (Trevías). Empezó a practicar atletismo en el Colegio San Martín de Trevías, con Juan Luis García de entrenador. Con 18 años fichó por el equipo de la Universidad de Oviedo. En 1994 fue tercera en el Campeonato de España promesas. En 1995, subcampeona de España de 800 metros. En 1996, campeona de España en pista cubierta, séptima en el Europeo y mínima olímpica con 2-00-88. En Atlanta-96 se retiró en la primera ronda clasificatoria. En 1998 logró el título en los Juegos Iberoamericanos. En 1999, campeona de España de 1.500 metros y octava en el Mundial de Sevilla, donde logró la plaza para los Juegos de Sydney-2000, a los que tuvo que renunciar por lesión. Se retiró del atletismo en 2001. Actualmente trabaja en el gabinete de la presidencia de la Confederación Hidrográfica del Norte.

    Oviedo, Mario D. Braña
    Fuente: La Nueva España

  2. #2
    Fecha de Ingreso
    Jun 2009
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    5
    Muy buen reportaje,una historia que me ha llegado a dentro, un saludo para Ana Amelia