
Originalmente escrito por
El Pode
Maraton de Madrid 2012
Todos los maratones son más o menos iguales. El de Madrid tiene fama de duro por dos razones: por correr a 600 metros de altitud y por las cuestas que salpican el recorrido. Sin embargo, independientemente de estos factores, la dureza del maratón reside tan solo en ser capaz de correr unos pocos kilómetros. No 42 km, sino unos pocos al final.
Quien haya corrido alguna vez media hora puede hacer 10 km. Quien haya terminado alguna popular de 10 km y corra habitualmente puede prepararse y terminar una media maratón. Incluso si el día que corres una media maratón al llegar al km 21 tuvieras que correr otros 4 o 5 km lo aguantarías sin muchos problemas. La diferencia del maratón con el resto de las carreras se encuentra en el tramo final, en solo unos 7 u 8 km (depende de cada uno y de cómo te encuentres el día de la carrera)
Llevas 34 km corridos. Eso en tiempo son más o menos unas 3 horas y algo. ¡Ya solo faltan 8 km para terminar, y el maratón es tuyo!. Mejor dicho: todavía te faltan 8 km para terminar. Cualquiera que entrene habitualmente el día que sale entre semana a correr hace 8 km y ni se entera. Pero cuando llevas mas de 3 horas corriendo tu cerebro empieza a jugar en tu contra, mandándote todo el rato el mismo mensaje: "párate, déjalo, párate, párate, párate..." El mensaje no te deja pensar con claridad, a lo que se une que en ese momento te duelen tobillos, rodillas, todos y cada uno de los músculos de las piernas, tienes cargadas las lumbares, un par de ampollas en los pies, son las 12 y pico del medio día y el sol pica de cuidado, estás empezando a deshidratarte y el agua de los avituallamientos cae en tu estómago como si fuera una piedra. Ante este panorama el cerebro recrea una situación de domingo idílica, con tus amigos sentados en una terraza, tomando una cerveza helada, disfrutando de unas raciones y de buena conversación. Te sientes como Ulises llamado por las sirenas, y te preguntas: ¿pero que coj--es hago yo aquí? Has podido estar entrenando meses supermotivado, pero ese momento llega y sientes unas terribles ganas de abandonar... Y cuando estás a punto de tirar la toalla, dentro de ti aparece una voz, una voz que no estás acostumbrado a escuchar, y que te dice que no te pares, que en un rato se te pasará la sensación de dolor, que tienes que seguir adelante, un poco más, un poco más, aguanta, aguanta, aguanta, no te pares, no te pares, no te pares, no te pares...
Las cosas que se te pasan por la mente en esos momentos son difíciles de explicar. Cómo superas la tentación de abandonar la verdad es que nunca me queda claro. Yo ayer tenía en la meta la recompensa de mi familia que estaba esperándome, y cuando llegue y abracé a mi mujer me sentí la persona más feliz del mundo. Las sensaciones al cruzar la meta poco después fueron como siempre, increíbles, y aunque al acabar no quieres saber nada de carreras, en cuanto te levantas al día siguiente ya empiezas a pensar en la próxima.