«Aún espero recuperar el tiempo perdido»

Yago Lamela ha puesto un nuevo plazo para volver a situarse en el pasillo de saltos en una competición: el verano de 2008, cuatro años después de su segunda decepción olímpica. El atleta asturiano (Avilés, 24 de julio de 1977) compitió en Atenas lastrado por sus problemas en los tendones de Aquiles, de los que se operó en Finlandia por primera vez en noviembre de 2004 y en marzo de este año. La espera se está haciendo larga, pero Yago completa su recuperación en Madrid convencido de que esta vez será la vencida. Lejos quedan sus 8,56 de 1999, pero cree que volverá a ser competitivo.
-¿En qué fase está?
-Estoy preparando la temporada 2008, para empezar a competir en verano. Cuando me operé, ya sabía que estaría parado cinco o seis meses. Ahora llevo un par de meses entrenando fuerte en Madrid, en la Blume y Majadahonda. Podría empezar a saltar, pero primero necesito una preparación básica porque perdí mucha condición física. Después empezaré con la técnica.
-¿Cómo están los tendones?
-Como nuevos, perfectos, aguantan todo lo que les echo. Estoy muy agradecido a Ángel Basas, fisio de la Federación, con el que he hecho la recuperación de la última operación.
-¿Lo está llevando con más precaución?
-Sí. Cuando se fuerza después de una operación, el tendón puede reaccionar mal, degenerar el tejido. Eso fue lo que me pasó la primera vez. Tenía pequeñas partes del tendón que se habían degradado. Lección aprendida. Ahora voy sin prisa, de forma mucho más progresiva.
-A este ritmo, ¿cuándo cree que podrá volver a saltar?
-Calculo que, si no surge ningún problema, entre febrero y marzo en los entrenamientos. Y en competición, en verano.
-¿Descarta, entonces, cualquier opción de participar en los Juegos?
-Cuando fui a operarme por segunda vez, ya sabía que no llegaba a Pekín. He perdido casi los mejores años de mi carrera, desde 2004, con 26, hasta ahora, que tengo 30. Es una perrada, pero aún espero recuperarlo. Tengo esperanzas de llegar bien, por ejemplo, al Europeo al aire libre de 2010 en Barcelona.
-¿Planifica a tan largo plazo?
-Soy realista. Llevo mucho tiempo parado y no voy a recuperar mi mejor forma con facilidad. Pero un saltador puede estar a buen nivel hasta los 35.
-¿Llegó a pensar en la retirada?
-En algún momento, sí. Después de la primera operación tuve muchos problemas, sobre todo de espalda y de rodilla.
-¿Quiénes le ayudaron a salir adelante?
-Mis padres, en todo momento. También mi novia y, sobre todo, yo mismo, con mucha cabezonería y paciencia. Me di cuenta de que no puedo vivir sin la competición, por eso me decidí a volver al quirófano. Quiero competir, y cuanto antes, mejor.
-¿Cómo ve la evolución de la longitud desde 2004?
-Ahora hay un grupo de saltadores que ganan las medallas con saltos que oscilan entre los 8,30 y los 8,50 metros. Me da rabia porque son las marcas que yo hacía con regularidad. Pero no voy a vender la moto, no sé si volveré a estar en esa distancia. Si la suerte me acompañase, podría estar, pero tengo muchísimo trabajo por delante.
-¿El parón le ha dejado sin ayudas económicas?
-Estoy muy agradecido a la Federación, que me ha mantenido la beca incluso el tercer año seguido sin competir. No sé lo que pasará en 2008, pero en caso de que me la quiten lo entendería. Es lógico que pase con alguien que está parado tanto tiempo. El dinero es lo que menos me preocupa.
Oviedo, Mario D. Braña
Fuente: La Nueva España
"No me da tiempo a llegar a los Juegos de Pekín"
Su calendario de competiciones lleva prácticamente en blanco desde 2004. Las lesiones han tenido apartado del atletismo a Yago Lamela hasta que el pasado mes de abril decidió pasar por el quirófano en Finlandia para acabar con su problema en los tendones de Aquiles, en los que sufría una tendinosis. Desde entonces, cinco meses de rehabilitación y vuelta a los entrenamientos. “Ha sido duro porque llevaba mucho tiempo con molestias, pero acudí al especialista finés Sakari Orava y me ha ayudado mucho”, explica Lamela.
El saltador reconoce que en los malos momentos el apoyo de los aficionados le ha permitido seguir y por eso plantea su techo entre 2010 y 2012. Su objetivo, los Juegos Olímpicos de Londres. “A Pekín no me da tiempo a llegar. Creo que se volverá a ver al Yago que la gente conoce, pero todavía es pronto. Tengo que darme tiempo. Es un reto difícil, pero haré todo lo que esté en mis manos. Para un atleta de élite, verse cojo es una situación muy dura, pero eso ya ha pasado”.
Bajo la supervisión técnica de Juan José Azpeitia, Yago comparte sus entrenamientos entre Asturias, donde reside, y Madrid, donde acude a las clases en el aeródromo de Cuatro Vientos. “En las semanas en las que estoy en Madrid, me entreno en la Blume o en la pista de Majadahonda”.
Una vez superado el proceso de rehabilitación, Lamela volvió a las pistas de entrenamiento el pasado mes de septiembre. “Las sensaciones fueron maravillosas en el primer salto tras superar la lesión. No tuve molestias y podía exigirle al cuerpo todo lo que quería. Era una sensación de libertad increíble”. Este año su gran objetivo es seguir entrenando sin parones y volver a la competición en verano, aunque no se pone aún topes. “Debo ir recuperando la forma poco a poco. Es importante no tener molestias físicas. Lo que necesito una buena temporada para competir al máximo el próximo año”.
Begoña Fleitas
Fuente: Marca
'Bayer puede saltar nueve metros al aire libre'
El español Yago Lamela, subcampeón mundial de longitud en 1999, ha afirmado que le ha dado "un poco de rabia", aunque ha confesado que "veía venir" que le pudieran arrebatar el récord de Europa de longitud, cuya nueva plusmarca ha establecido el alemán Sebastien Bayer con una marca de 8,71 metros.
El avilesino ha señalado que actualmente se encuentra apartado del atletismo y ha reconocido que, si bien ya intuía que pudieran arrebatarle el récord de Europa, que ostentaba desde 1999 por su marca de 8,56, "no esperaba que fuera por tanta diferencia".
"Si Bayer ha conseguido saltar 8,71 en pista cubierta, podría superar los 9 metros al aire libre", ha comentado Lamela, quien ha indicado que no conocía al saltador alemán que le ha desbancado del mejor registro europeo de longitud.
A su juicio, el atleta que le ha desbancado, con una técnica de salto "más simple" y también "más clásica" que la utilizada por el asturiano, es un saltador "alto, delgado y muy rápido", que ha entrado a la tabla como un "velocista de elite".
Respecto a la validez del salto, sobre la que el presidente de la Federación Española de Atletismo, José María Odriozola, ha declarado que piensa que hubo un error de medición en el salto de Bayer, Lamela ha indicado que "a veces se confunden en la medición, habría que haber estado allí".
Lamela ha comentado que "normalmente cuando se hace un salto de récord se realiza más de una medición", y ha precisado que desconoce si "en este caso también se ha producido".
El español, que ha dejado entrever la posibilidad de ponerse en contacto con la Federación Española de Atletismo para interesarse por la rigurosidad de la medición, ha recordado la existencia de precedentes de rectificación de marcas, como ocurrió en 1995 cuando el cubano Iván Pedroso acreditó 8,96 metros.
"Yo era casi un niño", ha dicho Lamela, "pero recuerdo que ese récord fue anulado al demostrarse que durante toda la competición había existido un viento que luego no sopló cuando se produjo el salto de Pedroso".
Lamela ha visto truncada su carrera deportiva por problemas en ambos tendones de Aquiles, que le obligaron a someterse a dos operaciones en Finlandia a cargo del prestigioso Sakari Orava, aunque sin embargo, fue incapaz de recuperarse para clasificarse para Pekín'08, en la que sería su tercera participación olímpica tras Sydney y Atenas.
Fuente: El Mundo
«Me faltaban ganas y para arrastrarme por las pistas, lo mejor era dejarlo»
El saltador avilesino anuncia su retirada justo diez años después de su histórico salto en Maebashi 1999, la primera de sus cuatro medallas en Mundiales

Justo cuando acaban de cumplirse diez años de su histórico salto en el Mundial de Maebashi (Japón), Yago Lamela confirma lo que ya hace tiempo se veía venir: se retira del atletismo. En aquel ya lejano y frío febrero de 1999 el avilesino, entonces de la Atlética, pulverizaba el récord de Europa de longitud, un salto de 8.56 metros que de la noche a la mañana le catapultaba a la élite mundial del atletismo, a la fama. Era el principio de una carrera deportiva tan brillante como corta. En agosto de 2004 Yago, lastrado por una lesión de la que nunca se recuperó, daba su último salto en Atenas, ya por debajo de la barrera de los ocho metros. Lo que iba a ser un paréntesis de unos meses se convirtió en una pesadilla sin final feliz.
-¿Retirado?
-Del todo, desde el pasado verano. Fue un día en un entrenamiento, en Madrid. Estaba haciendo una sesión de velocidad, y todo iba bastante bien hasta que de repente me rompí un gemelo. Y me dije; hasta aquí hemos llegado. Me marché de la pista y ya no he vuelto. Ni siquiera fui al fisioterapeuta.
-Fue la gota que colmó el vaso.
-Sí. Llevaba cuatro años sin poder competir y después de la segunda operación de tendón de Aquiles, a principios de 2007, quedé muy mal. No sólo físicamente, también a nivel anímico. Tenía pocas ganas de seguir y empecé a pensar en hacer otras cosas. Vamos, vi que era el momento dejar paso a las nuevas generaciones (risas).
-Por atrás no se ve a nadie.
-Bueno, en este Europeo un alemán, Bayer, me ha quitado el récord de Europa en pista cubierta. Yo tenía 8.56 y el llegó a 8.71.
-Pero en España...
-Creo que Lino es el único que está por encima de los ocho metros, aunque tampoco lo sé muy bien. Estoy un poco desconectado.
-Qué le dijo a su entrenador, Juanjo Azpeitia.
-Tampoco le sorprendió demasiado, más o menos ya se lo esperaba. En los últimos entrenamientos mi forma estaba por los suelos. Me faltaban ganas y para seguir arrastrándome por las pistas... Lo mejor era dejarlo.
-La alta competición desgasta.
-Es que mis metas eran altas. Y entrenar dos o tres años para saltar 8.20, cuando tienes 8.56... Pues a otra cosa.
-¿Cómo cayó la noticia en casa?
-Con sorpresa, pero lo entendieron y me apoyaron. Saben que soy muy cabezota, que estoy bum bum bum con lo que quiero hasta que lo consigo. Y si lo dejo, es porque sabía que no podía llegar. Es que estaba fatigado de tantos problemas. Era una tras otra, un quebradero constante de cabeza.
-¿Sigue haciendo deporte?
-Claro, eso no lo puedo dejar, tengo tendencia a coger peso... Sigo corriendo a mi aire , haciendo pesas. ¡Y mira por dónde, ahora tengo el tendón de maravilla!
-Su talón de Aquiles, nunca mejor dicho.
-Pues sí.
-Su pesadilla comenzó 2004, en su mejor momento.
-Había terminado 2003 al frente del ránking mundial con un salto de 8.53, en Castellón. Empecé el año con molestias, con dolores, y aunque al final pude ir a los Juegos de Atenas, no llegué ni a ocho metros.
-7,98, undécima posición. Fue su última competición.
-Me operé pocas semanas después de los Juegos y lo que en un principio iba a ser unos meses de recuperación...
-Era el principio del fin.
-Así es. Tenía 27 años, y perdí la que podía ser mi mejor época como saltador. Pero bueno, hay gente que se rompe con 19. Yo al menos pude disfrutar unos cuantos años del atletismo.
-Sin embargo usted siguió intentándolo.
-En 2006, tras un año en blanco, estuve a punto de reaparecer. Me encontraba bien, con ganas, fuerte. La primera competición iba a ser en Avilés, y justo la semana antes me rompí los dos tendones. Resultado, otro año perdido. Volví a operarme e intentamos otros métodos de recuperación, pero nada. Estuve siete u ocho meses cojeando, y en ese tiempo perdí toda la musculatura, y los tendones me quedaron muy finos. Recuperarme me iba a llevar mucho tiempo, y sin saber muy bien hasta dónde podía llegar.
-Tres platas y un bronce en Mundiales y una plata y un bronce en Europeos. ¿Alguna espina clavada?
-Hombre, estoy muy satisfecho con mi palmarés, pero me falta algún oro y sobre todo, una medalla olímpica. Estuve en dos Juegos, Sydney y Atenas, pero me llegaron en mal momento.
-Y con un monstruo enfrente llamado Iván Pedroso.
-Teníamos una rivalidad sana. Cuando estábamos en competición había tensión, manteníamos las distancias, pero luego nos llevábamos muy bien. Era un tío majísimo. Recuerdo que en la cena final del Mundial de París nos sentamos juntos y luego nos fuimos a bailar.
-¿Algún recuerdo especial de su etapa como atleta?
-Muchos. Tengo un montón de recuerdos muy bonitos, no sólo como atleta de élite, sino también desde los tiempos de cadete, en la Atlética, con Pepete, con Carlos (Alonso)...
-También tendrá algún recuerdo oscuro.
-Las lesiones han sido mi principal dolor de cabeza. Eso y algunas pocas críticas mal intencionadas que me han dolido bastante. Pero bueno, lo malo se olvida.
-Y ahora no salta, vuela.
-Ja ja. Sí, estoy intentando salir en helicóptero.
-¿Sigue con el curso de piloto comercial?
-Sigo, sigo. Ahora está un poco parado, por una serie de problemas en la escuela, pero ahí estoy. Me gustaría enfocar mi vida por ahí, aunque todavía me quedan muchas horas de vuelo para conseguir el título. Hacen falta 165.
-¿Y con los pies en el suelo?
-Hasta hace poco los helicópteros y el salto llenaban mi vida. Tengo que buscar algo más, pero de momento... De momento estoy oteando, a ver qué hay.
-¿Echa de menos el atletismo de competición?
-Al principio sí, pero poco a poco te vas adaptando a una vida sin tantas emociones, sin tantas presiones. Ahora estoy muy bien.
-¿Se va a quedar en Madrid?
-De momento sí, pero sigo yendo a Avilés. Allí tengo la familia y muchos amigos.
-¿Se ha planteado la posibilidad de ser entrenador de atletismo?
-Ahora mismo no me apetece mucho, iba a tener un poco de envidia, pero a lo mejor más adelante, sí, quién sabe. Quizá algún día regrese al atletismo.
J. F. Galán / Avilés
Fuente: La Voz de Avilés
El salto más difícil de Yago Lamela
El atleta avilesino hace oficial su retirada tras una carrera plena de éxitos y sinsabores. Se va con cuatro medallas mundiales y dos europeas
Yago Lamela ya forma parte de la historia de atletismo mundial. En realidad, lleva en ella desde el 7 de marzo de 1999. Aquel día España desayunaba con una asombrosa noticia llegada desde el lejano Japón, desde el Mundial en pista cubierta de Maebashi. Un atleta asturiano, hasta entonces completamente desconocido, había saltado 8 metros y 56 centímetros, una marca impensable para el atletismo español que se convertía en el nuevo récord de Europa de longitud, vigente hasta el pasado sábado, cuando un alemán, Bayer, lo batía. Dos días después, Yago Lamela anunciaba oficialmente su retirada.
Aquel salto no fue suficiente para llevarse el oro. Un cubano había 'volado' aún más allá, a 8,62. Era Iván Pedroso, su bestia negra. Daba igual. Yago Lamela surcó al día siguiente todas las ondas y llenó las primeras páginas del la prensa escrita. Había pasado del anonimato al estrellato en un salto, nunca mejor dicho. Eso sí, un salto muy trabajado.
La larga carrera hacia esos 8.56 había comenzado en la pista de atletismo de su ciudad, Avilés, en el seno de la Atlética y bajo la sabia dirección de Pepete y, especialmente, de Carlos Alonso, el entrenador que le metió definitivamente en el mundo del salto.
Terminó de pulirle, previo paso por la Universidad de Iowa, Juanjo Azpeitia, de Oviedo. Según dijo un día, poco después de Maebashi, «Yago era, a los 13 años, un arrogante yogurín con un impresionante motorín», un estudiante de informática enamorado de la música electrónica con un físico diseñado para el vuelo. Pero también, y literalmente, con un talón de Aquiles que truncaría su carrera a los 27 años, justo en su mejor momento.
La caída comenzó a principios de 2004, año olímpico. Había terminado 2003 con la mejor marca mundial (8.53) en Castellón, a la postre, la tercera y última vez que rompía la robusta barrera de los ocho metros y medio. Su entrenador por entonces, Rafael Blanquer, había llegado a decir que era «uno de los pocos atletas en el mundo que puede saltar nueve metros». Así, de un tirón.
Yago iba a iniciar 2004 en casa, en la Reunión de Avilés, pero no pudo hacerlo, según se dijo entonces por una pequeña lesión. Era el principio del fin. Llegó a Atenas muy justo, con una discreta marca de 8.16. Y se marchó con unos decepcionantes 7,98. Fue su último salto.
En casa
Pasó las últimas semanas de 2004 postrado en un sofá, recuperándose de la operación en el tendón de Aquiles a la que se sometió en Finlandia. Su médico, Sakari Orava, le aseguró que sólo se iba a perder la temporada de invierno, pero el tiempo se encargó de demostrar lo que equivocado que estaba.
Yago lo intentó por todos los medios. Primero, en Valencia, con el Terra i Mar de Blanquer. Y, luego, en Oviedo, de nuevo con Juanjo Azpeitia. En 2006 -meses después de sufrir un grave accidente de tráfico en Albacete-, estuvo a un paso de reaparecer y, además, en su ciudad, pero el destino volvió a interponerse. La semana anterior se rompió los tendones de los dos talones y con ello la esperanza de volver a competir ese año.
Volvió a operarse en Finlandia, se pasó horas y más horas en el fisio, recurrió hasta la acupuntura... Pero siempre sin resultados. Nunca pudo entrenarse dos semanas seguidas.
La retirada de Yago Lamela Tobío se veía venir. Se va desmoralizado por tanta lesión y camino ya de los 33 años (los cumplirá el 24 de julio). La gota que colmó el vaso fue la rotura de un gemelo en un entrenamiento. Sin más, abandonó la pista para no volver.
Entre aquel salto de Maebashi 1999 y el de Atenas 2004, consiguió otras tres medallas en Campeonatos del mundo -plata en Sevilla 1999 (8.40) y en Birmingham 2003 (8.28, pista cubierta) y bronce en París 2003 (8.22)- y dos en Europa, ambas en 2002: bronce en Munich (7.99) y plata en Viena (8.17, pista cubierta).
Acarició el oro en tres ocasiones, pero siempre se le escapó. A veces, por poco, como en Birmingham, cuando aterrizó a un centímetro de Dwight Phillips. En Sevilla, al igual que en Maebashi, no pudo con el gran Pedroso. Es una espina que ya no se podrá sacar.
Ahora vive en Madrid, superando el síndrome de abstinencia y, como él dice, «oteando el futuro». Lo hace desde arriba, a los mandos de un helicóptero, aunque todavía le quedan unas cuantas horas de vuelo para cumplir las 165 que se exigen para obtener el título de piloto comercial. A fin de cuentas, lo suyo siempre ha sido volar.
El salto más difícil de Yago Lamela. El Comercio