El accidente sufrido en la Golden Gala de Roma por el atleta francés Salim Sdiri, alcanzado el pasado día 13 por una jabalina lanzada por el finlandés Tero Pitkamaki, se debió a un "error de cálculo" de los organizadores, según la opinión coincidente de la plusmarquista española, Mercedes Chilla, y del presidente de la Federación Española, José María Odriozola.

Para Chilla, que consiguió en los Europeos de Gotemburgo 2006 logró la primera medalla internacional del atletismo español en el sector de lanzamientos, "lo de Roma fue un despiste de los organizadores, al poner los bancos de longitud tan cerca del sector de jabalina. Cuando hay gente que lanza 90 metros, no puedes ponerlos al lado".

Para la atleta jerezana, "basta con tener un poquito de cabeza" para evitar accidentes como el de Roma. "El reglamento actual es suficiente, siempre que se tenga un poquito de cabeza. No es necesario que nos cambien el horario. Ya nos redujeron de seis a cuatro el número de intentos. ¿Ahora qué quieren, que nos echen", se preguntó.

Odriozola pide aplicar el sentido común

Por su parte, José María Odriozola considera, como Mercedes Chilla, que los lanzadores "no deben ser los proscritos del atletismo. En Roma, con todos los respetos, no calcularon bien las distancias. Había demasiado poco espacio entre el sector de lanzamiento de jabalina y la zona de salto de longitud, sobre todo teniendo en cuenta que allí había lanzadores de 90 metros".

Salim Sdiri, cuyas heridas en el costado derecho no revistieron gravedad, pidió a la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) que fije nuevas normas para evitar este tipo de accidentes. "¿A qué esperan, a que haya un muerto?", se preguntó. El atleta francés propugnaba que los concursos de lanzamiento se disputen antes que las otras pruebas, "cuando no hay nadie en la pista o en los lugares de salto" y recordó que en los mundiales de París 2003 un martillo aterrizó en la pista en plena recta de meta y que en Helsinki, dos años después, sucedió algo parecido.

El presidente de la Federación Española, que a su vez es miembro del Consejo Directivo de la IAAF, entiende, por el contrario, que lo único imprescindible, en materia de seguridad para los atletas, es "aplicar el sentido común. En su día ya se modificó el centro de gravedad de la jabalina para acortar los lanzamientos. Ahora, hay que calcular bien la distancia desde la zona en que puede caer, ya sea dentro o fuera del sector marcado, y el área donde están otros atletas. Si el estadio es demasiado estrecho, hay que tener a alguien muy pendiente".

Para Odriozola "cualquier precaución es poca", pero considera que los accidentes con la jabalina entran dentro de lo posible en un estadio, "como pueden ocurrir accidentes, y a veces mucho más graves, en la pértiga o en las vallas", observó.

Trágicos precedentes y normativa de martillo

Tampoco es partidario Odriozola de programar los lanzamientos de jabalina al principio de la competición a fin de que no coincida con ninguna otra prueba, como ya se acostumbra a hacer con el martillo. "Los lanzadores no pueden ser los proscritos del atletismo. Tienen el mismo derecho que los demás a competir ante el público", afirmó.

Este mismo año, el checo Roman Sebrle, plusmarquista mundial de decatlón, recibió también el impacto de una jabalina durante un entrenamiento, y el año pasado otra jabalina atravesó el pie de una juez brasileña durante una prueba local, en ambos casos las heridas fueron superficiales.

La infrecuente tragedia ocurrió, sin embargo, en las pistas del INEF de Madrid, en 1987, cuando al atleta Jesús Javier Gil, de 25 años, le atravesó el cuello una jabalina lanzada por su entrenador mientras practicaban al atardecer, con poca visibilidad en las pistas. El herido murió pocas horas después en el hospital.

La IAAF sí modificó, en 2002, la normativa de seguridad para el lanzamiento de martillo, pero ocho meses antes de su entrada en vigor, un joven atleta rumano, Ilie Ciurar, murió golpeado en la cabeza por un martillo lanzado por la atleta Diana Haratu en el estadio municipal de Roman (Rumanía) durante un entrenamiento. La bola reglamentaria pesa 4 kilos para las mujeres y 7,2 para los hombres en categoría sénior.

La apertura de la jaula de lanzamiento de martillo, diseñada en forma de U para que pueda detener la cabeza de un martillo de 7,26 kg moviéndose a una velocidad de hasta 32 metros por segundo, fue reducida de seis a cinco metros, y el ángulo de la zona de aterrizaje de la bola se redujo de 40 a 34,92 grados. La muerte del rumano se produjo sólo un día después de que otro joven atleta, el estadounidense de 17 años Samoa Fili, perdiera la vida en Wichita (Kansas) tras golpearse la cabeza contra el suelo al ejecutar un salto con pértiga.

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