Con toda seguridad y sin ningún género de dudas, la lesión muscular más habitual en cualquier especialidad deportiva es lo que llamamos agujetas. Lo más curioso del caso es que no aparece en ninguna estadística de las diferentes mutuas ni en los servicios de traumatología o de medicina deportiva. Y puedo asegurar, desde mi experiencia como entrenador personal, ¡Todos las padecemos en varias ocasiones!. ¿Entonces el olvido en los registros se debe a su nimiedad, ausencia de gravedad o quizás es porque su popularidad les resta importancia?. Mi siguiente pregunta es ¿Cuándo decidimos definir una lesión muscular como grave? ¿En qué nos basamos?. ¿En la amplitud de la lesión?. ¿En el dolor?. ¿En la impotencia funcional?. ¿En la disminución del rendimiento muscular en sus diferentes manifestaciones?. En el período de recuperación?. Sin por eso fuera, las “agujetas” por sus características fisiopatológicas pueden responder a cada pregunta afirmativamente según el modo de aparición y el ejercicio que las produjo. Pueden afectar a grandes masas musculares, el dolor a la movilización puede ser del todo incapacitante, el período de recuperación es corto con respecto al dolor (3-5 días), pero la vuelta a la normalidad de los registros de fuerza máxima son de una a dos semanas y la relación fuerza/velocidad está alterada un período superior. Si además constatamos que mientras se padece el dolor, aparecen catarros con más frecuencia, podemos considerar en verdad si tienen su importancia en el deportista. Es cierto que ninguno precisará ir al quirófano por ellas, ni tratamientos medicamentosos intensos y caros, ni una terapia rehabilitadora especializada. La razón es que todos nos curamos de ellas porque son autolimitadas y su proceso de retorno a la normalidad es completo en un tiempo moderado. No son graves, entonces…pero será interesante tenerlas en cuenta en ciertos períodos de entrenamiento.
Hemos de empezar a quitar y eliminar mitos en cuanto a diferentes dolores musculares que vemos normales. Y eliminar del vocabulario deportivo frases cómo… “ sin dolor no hay progreso”. Realizar una actividad deportiva con una inflamación tendinosa, o una periostitis, o una contractura muscular es algo que muchos deportistas, sobre todo amateur, ven absolutamente normal. Y, como profesional de la actividad física esa actitud la voy a catalogar, me vais a perdonar , como un acto de inconciencia y de irresponsabilidad profunda.

Voy a intentar realizar una definición lo más precisa posible, para que todo el mundo sepa exactamente que son las agujetas, y no se invente definiciones y rumorologías extrañas.
El nombre español de agujetas proviene de la idea popular que estas se producen por la cristalización del ácido láctico (sería el lactato sódico) en el músculo que ha trabajado intensa y anaeróbicamente, y como agujitas se clavarían en el músculo, al ponerlo en movimiento. La práctica de un ejercicio liviano disminuye con el tiempo la percepción de dolor, lo que confirma la hipótesis, pues según ella el lactato se licuaría por el efecto mecánico del movimiento y térmico del calor. Bien, la mala noticia es que el lactato no se cristaliza a temperatura corporal (ni en la nevera)y, como es obvio, nadie lo ha visto en ese estado en una biopsia muscular. Además, no se acumula en ningún sitio porque se reutiliza rápidamente por los tejidos corporales.
Realmente las agujetas son microlesiones musculares por un trabajo mecánico sobre unas fibras musculares, que no están preparadas para sostenerlo, bien por su estado de fatiga o porque no son las fibras musculares adecuadas para ese trabajo solicitado (generalmente fibras rápidas) o por ambas razones. La rotura fibrilar libera el contenido citoplasmático al entorno de la fibra. Sobre todo son las sustancias álgicas y las pro inflamatorias las que pondrán en marcha el estado inflamatorio e incluso establecerán y aumentarán en el inicio la lesión. El calcio y el potasio tienen un gran papel aquí. Otras sustancias, como las enzimas musculares creatinquinasa(CK) y lactodeshidrogenasa (LDH) o la misma miosina muscular, aparecerán en el torrente circulatorio. Pero ¡Ojo! Sus niveles nos indicarán que la lesión existe, no su mayor o menor intensidad, gravedad o tamaño. La inflamación retiene agua que con el reposo edematizará la zona. Este edema será el que disminuirá, cuando se haga un nuevo ejercicio con la consiguiente disminución de la noxa sobre las fibras nerviosas excitadas por la inflamación. La zona afectada es en general la músculo-tendinosa, pues el lugar de transición contráctil a elástica, dónde las fibras musculares sufren más tensión. Las débiles y fatigadas, las que no estén preparadas, sucumbirán. Ley de vida.
Todavía sigo escuchando, como entrenador personal, que lo mejor para curarlas es prevenirlas. No sólo es un error en la concepción de la idea de curar, sino que es una simpleza . Se cura, cuando ya hay patología, por lo tanto no es posible entonces evitar lo que se ha de curar. Evitarlas es inútil. Son un proceso de adaptación. El que corre, tropieza y el que bebe, se atraganta. Podemos ser cautos en la aplicación de las cargas y en la aplicación de un buen calentamiento.
www.planificatuentrenamiento.es