Percy Cerutty, el hombre que llevó a Herb Elliot a la gloria olímpica, decía que en su diccionario no existía la palabra fracaso. No sabía de lo que le hablaban cuando empleaban esa palabra. Lo único que reconocía era la existencia de un período temporal de no éxito (aunque tuviera que esperar 20 años).

El atletismo, y el deporte en general, es una de las mejores escuelas de vida porque desde muy pequeño te enseña a afrontar esos fracasos o, utilizando la terminología de Cerutty, “períodos temporales de falta de éxito”.

Pero más allá de los éxitos y fracasos, el deporte nos sirve de escuela para afrontar retos y superarnos día a día. Es una incesante búsqueda de la recompensa después del esfuerzo.

Tenemos muchos ejemplos de atletas que su vida no ha sido un camino de rosas y que han logrado sobreponerse a las dificultades.

Wilma Rudolph

Uno de los más paradigmáticos fue el caso de Wilma Rudolph, que logró superar todos los obstáculos que le puso la vida para convertirse en un referente. Es la historia de cómo con coraje y determinación se pueden alcanzar las metas soñadas.

Rudolph procedía de una familia humilde en el segracionista sur de EE.UU y era la vigésima de 22 hermanos. Su vida estuvo marcada por una constante lucha contra el sexismo, el racismo, la pobreza, un embarazo en la adolescencia y enfermedades como fiebre escarlatina, neumonía y una polio que le paralizó una pierna, lo que le impidió andar hasta que alcanzó los 11 años.

Rudolph reconoció que su médico le dijo que nunca volvería andar pero su madre le dijo lo contrario y que ella creyó a su madre. Una vez se recuperó, no paró su carrera hasta que decidió retirarse.

Siempre será recordada por sus tres oros en Roma y por ser la primera atleta estadounidense en conseguir tres oros olímpicos en atletismo.

Ella comentó en su día: “ganar es grande, seguro, pero si realmente se va a hacer algo en esta vida, el secreto es aprender a perder. Nadie logra estar invicto todo el tiempo”.

En la actualidad tenemos a varios atletas que están luchando al máximo nivel y que han pasado por adversidades. Wagner Domingos y Gabrielle Grunewald son un claro ejemplo de esa clase de deportistas que no son grandes por las victorias que hayan conseguido, sino por ser un ejemplo de superación. Ambos han superado el cáncer y han regresado a la competición después de estar luchando por su vida.

Wagner Domingos

Wagner Domingos es un gigantón brasileño que es apodado “O Montanha” (Montaña), precisamente por su tamaño (1.87 m, 110 kg, 48’5 de bíceps). Montanha pasó de tener un cáncer de vejiga hace seis años a convertirse en uno de los mejores lanzadores de martillo del momento. Este atleta pernambucano sigue con sus controles anuales para comprobar que está libre de células cancerígenas después de la cirugía.

A nivel deportivo ha ido creciendo desde que decidió ir a entrenar a Eslovenia con Vladimir Kevo, el entrenador del Primoz Kozmus (oro olímpico en Pekín 2008 y plata en Londres 2012).

Gracias a su trabajo, el año pasado logró superar la barrera de los 78 metros , gracias a un lanzamiento de 78.63, y consiguió meterse en la final olímpica de Río, donde fue noveno.

Este año ya se ha ido por encima de los 77 metros, lo que le garantiza plaza para el próximo Campeonato del Mundo de Londres 2017. La mínima es 76.00 y Montanha lleva 77.21 como mejor registro de 2017.

Curiosamente, desde que se vino a Europa en 2015, una de las mayores preocupaciones de Wagner Domingos es el frío invernal de Eslovenia.

Gabe Grunewald

Gabe Grunewald (Anderson de soltera) es uno de los mayores ejemplos de superación que hemos tenido en la historia del atletismo.

La millera norteamericana está luchando en la élite mundial después de sufrir tres cánceres distintos y en un período muy corto de tiempo.

Ella ha declarado en varias ocasiones que el cáncer no le tiene que perturbar su vida y, en su último episodio, ha retrasado varias semanas los tratamientos contra el cáncer con la finalidad de clasificarse para los USA Championships que se disputan en Sacramento, capital de California.

El retraso en el tratamiento de quimioterapia tuvo el pertinente consentimiento médico pero no deja de ser un hecho a ensalzar la fuerza de voluntad y la determinación en seguir su camino, a pesar de las adversidades, de esta millera.

Intento llevar una vida normal y que el cáncer no me dicte lo que tengo que hacer“, comentó la atleta estadounidense.

El primer episodio de esa fatídica enfermedad lo tuvo en 2009. En esa ocasión, se percató de un pequeño bulto en el cuello al que, incialmente, no le dio importancia. Tenía 22 años y nadie de su familia había tenido ningún problema médico relevante relacionado con un cáncer pero ella fue diagnosticada con carcinoma adenoide quístico, una forma de cáncer de la glándula salival.

Seis días más tarde, fue sometida a una operación y al cabo de un tiempo, durante los meses de mayo y junio de ese año, estuvo sometida a tratamientos de radiación. Se trata de una dolencia poco común y que tiene una probabilidad de recaída de un 50%.

En agosto, volvió a correr y llegó a seguir a sus compañeras de universidad como entrenadora asistente. Cuando todo había vuelto a la normalidad de los entrenamientos y competiciones, le llegó otro jarro de agua fría al ser diagnostica, 18 meses después, con un cáncer en su tiroides que le llevó a extirparlo y a recibir un tratamiento de yodo radiactivo.

En esta ocasión, los pronósticos fueron peores en cuanto la evolución pero, finalmente, logró recuperarse aunque le quedó una cicatriz en su cuello.

Después de esos dos primeros cánceres, logró mejorar todas sus marcas en 800, 1500, milla, 3000, 2 millas y 5000.

En 2014 se proclamó campeona de los EE.UU de 3000 metros en pista cubierta y estuvo a punto de entrar en el equipo estadounidense que acudió a los JJ.OO. de Londres 2012 al ser cuarta en los USA Trials.

Todo parecía ir sobre ruedas hasta que llegó la noticia de un nuevo cáncer, en esta ocasión de hígado, el año pasado. La noticia llegó después de competir en los USA Trials y la obligó a una nueva operación, a finales de agosto, para extirpar el tumor que tenía en el hígado.

En diciembre volvió a entrenar con la vista puesta en llegar en forma a esta temporada estival pero, esta primavera, en una revisión rutinaria, encontraron que el cáncer volvió a su hígado. Son restos pequeños que no van a ser extirpados por cirugía incisiva. La intención de los médicos es eliminar esas células cancerígenas a través de de la quimioterapia. Ese tratamiento tendrá que esperar porque su primer objetivo son los USA Trials (del 22 al 25 de junio en Sacramento).

De ese Campeonato saldrá el equipo de EE.UU que competirá en los Campeonatos del Mundo de Londres. Ella, posiblemente, no acceda a entrar en el equipo pero su simple presencia en los Campeonatos hace que sea la gran triunfadora de los mismos.

Después de cuatro cánceres, tres de ellos distintos, participó en la edición del Prefontaine de este año. Era la primera vez que una atleta superviviente a tres cánceres participaba en una reunión de la Diamond League. Grunewald corre con la ropa que habitualmente utilizaba (top y braguita) a pesar de tener una impresionante cicatriz como consecuencia de la última operación.

Ella prefiere no esconder una de las consecuencias que tuvo la operación para ella. La imagen de esa cicatriz es reveladora, nos muestra que está todavía en la lucha.

Su figura trasciende más allá de lo que es una atleta, es un ejemplo para todos y así lo muestran los medios de comunicación norteamericanos. Su lucha acapara hojas en los periódicos y espacio en los noticiarios (esta misma semana, el prestigioso New York Times le dedicaba un artículo).

Durante los USA Trials de 2012, fue descalificada después de un encontronazo en las semifinales del 1500. Todos los noticiarios estadounidenses se hicieron eco de la noticia bajo el titular “la atleta que sobrevivió a dos cánceres, descalificada”.

Quizás esa presión mediática o de la NBC, que tenía los derechos de televisión y quería más telespectadores para la final, hizo que fuera recalificada y que acabara compitiendo en la final de los Trials de ese año.

Grunewald ha batido todas las carreras contra el cáncer y todos deseamos que siga siendo así por muchos años.

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