El atletismo español vive tiempos de gloria. Nunca en estos últimos años se ha hablado tanto de nuestro deporte, sobre todo en medios escritos.

Estas últimas semanas hemos podido comprobar cómo medios de prensa especializados, que sólo llevan a sus páginas los temas más morbosos del atletismo, dedicaban páginas enteras a hablar de los jóvenes atletas que están acaparando todas las miradas del mundillo atlético.

Porque son ellos, los jóvenes valores de nuestro deporte, los que se han encargado de hacer posible que muchos vuelvan a ver con ojos de esperanza un futuro brillante y esperanzador en un relevo generacional que tanta falta nos hace.

Ignacio FontesAdrián Ben, Miguel González, Jordi Torrents, Lucía Rodríguez o Celia Antón en el medio fondo y fondo son algunos de los nombres propios que se han ganado, con trabajo y sacrificio, el derecho a ser reconocidos como los dignos sucesores de los grandes especialistas de este bello deporte.

Jordi Torrents lleva ya unos años demostrando que ha venido para quedarse, que no es flor de un día. Este año el atleta del año 97 ha corrido los 1500 metros en 3:43.17 y los 3000 en 7:57.97, marcas que le asientan en la élite nacional junto a los mejores y con un largo camino aún por recorrer.

Jordi Torrents
Jordi Torrents en el Cross de Alcobendas. Foto: Alberto Pozas

Ignacio Fontes (1998) es un auténtico superclase. Ya hay quien se aventura a decir que será el digno sucesor de Kevin López, como Kevin fue en su día el sucesor del gran Antonio Reina. Esta temporada, sus 1:49.19 en los 800 metros bajo techo lo sitúan entre los mejores absolutos de la prueba y, además, ha corrido en 3:43.94 los 1500 metros.

Y qué me dicen de Adrian Ben (1998) , récord de España Junior de los 1500 metros (3:43.12) y también de 3000 metros (8:06.12). Lo que se ha hablado (y hablará) de esta joven perla de Viveiro y que viste la camiseta del FC Barcelona.

De allí, de su Lugo natal, también es Miguel González Carballada (1998), hijo del gran Tito Margaride, que esta temporada ha brillado de manera destacable en el campo a través y en la pista ha mostrado que está a la altura de sus compañeros, con 3:47.26 en los 1500 metros y 8:08.65 en los 3000 metros. Este joven del año 98 dará mucho que hablar en los 5000 metros, distancia que parece será la elegida por él y su entrenador.

Entre las chicas está Lucia Rodríguez (1998), otra de las jóvenes perlas de nuestro atletismo, con mucha soltura en el campo a través y unas marcas bajo techo este año más que interesantes. Su 4:17.67 en los 1500 metros la sitúan quinta en el ránking absoluto de pista cubierta este año.

lucía rodríguez
Lucía Rodríguez en el Cross de Alcobendas. Foto: Alberto Pozas

Tenemos también a Celia Antón (1997) que, mermada el año pasado por las lesiones, es la perla de nuestro atletismo, una chica que reúne unas cualidades físicas que la llevan a destacar en campo a través y pista de manera soberbia.

Dicho todo esto, dedicándoles las palabras que todos estos atletas se merecen, me gustaría hablar de un fenómeno que en la gran mayoría de los casos sucede en el entorno de estos jóvenes y que a mí, y a mucha más gente, nos molesta de manera un tanto particular.

Para hablar de ello voy a usar una expresión de mi tierra que viene como anillo al dedo para explicar la situación:

O tonto carda a lana e o listo leva a fama”, o esta otra: “O tonto quenta o forno e o listo coce o pan”.

Y para que todos me entiendan: “El tonto carda la lana y el listo se lleva la fama”, o “El tonto calienta el horno y el listo cuece el pan”.

Vaya por delante que no es mi intención faltarle al respeto a nadie. Aquellos oriundos de esta comunidad saben que los gallegos, al igual que respondemos una pregunta con otra, también somos así.

¿A qué vienen esas frases y esas expresiones? A que cuando el joven atleta llega a la cima o destaca, nadie se acuerda de sus entrenadores de base. El mérito se va para los que tienen en la actualidad. Da igual que lleven entrenando con ellos cinco meses, el mérito siempre recae en sus hombros y así se encarga la prensa de hacérselo saber a los aficionados.

Todos ellos están en grandes manos, con grandes profesionales de este deporte, técnicos con muchos años de experiencia, sobre todo en alto rendimiento. Han llevado a atletas a grandes marcas, a récords, a grandes campeonatos y hasta a los Juegos Olímpicos. Pero para que un atleta llegue hasta ellos, la labor del técnico de base es necesaria. Sin trabajo de base, sin formación, no hay alto rendimiento.

Por eso mi texto de hoy va para todos ellos, para los entrenadores de base. Porque cuando Adrián Ben ha batido en las últimas semanas dos récords de España, todos lo aplaudieron y los textos reflejaban “el pupilo de Arturo Martín”. Nadie habló de la labor de Mariano Castiñeiras, de cómo ha trabajado con él desde que era un crío y de cómo lo ha formado para que, ahora, pueda batir esos récords y pueda soñar con ser internacional absoluto. Mariano, que también ha sido mentor de Miguel González, tendrá algo que ver con estas marcas, ¿o no?

Celia Antón llegó a la Blume con 18 años, con tres títulos de campeona de España en la temporada anterior y con una brillante victoria en el prestigioso Cross de Edimburgo. Se puso a las órdenes de Antonio Serrano y, desde ese momento, nadie se acordó de Leocadio de Blas, el técnico que acompañó a Celia durante toda su juventud.

¿Cuánto se escribió en medios y redes sobre el hecho de que Jordi Torrents comenzara a trabajar en el grupo de Jama Aden? Nadie se aventuró a mencionar ni una sola vez a Ramón Montllor, el entrenador que se encargó de llevar a Jordi al quinto puesto en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Nanjing. Ahora, tras esa etapa, Jordi entrena bajo las órdenes de María Carbo.

Como estos casos se pueden citar muchos más. Es obvio que los grandes atletas necesitan buenos grupos de entrenamiento para seguir creciendo. Y estos grupos suelen estar donde están las residencias de atletas, encargadas de llevarse allí a los deportistas cuando despegan sus alas. Es así y lo seguirá siendo por mucho tiempo, es difícil que cambie.

Lo que sí está en nuestras manos es reconocer y agradecer el trabajo de los entrenadores de base, los que hacen posible que el atletismo crezca y hacen de jóvenes y soñadores posibles atletas del futuro.

Las horas en la pista, los viajes en coche, las charlas en los “años difíciles”, los rompederos de cabeza, las alegrías y desilusiones de todos los técnicos que trabajaron con estos jóvenes deportistas merecen un respeto y un reconocimiento. Porque sin entrenadores de base no hay atletismo y sin atletismo no hay atletas.

3 Comentarios

  1. Gran artículo, pero permíteme que discrepe al menos en el caso de Mariano. En el mundillo atlético de Galicia, todos conocemos la labor de Mariano Castiñeiras, en su doble faceta de atleta y médico. De forma desinteresada ha entrenado durante 30 años a muchos atletas. Su comportamiento con Tito Margaride tras su enfermedad excedió, con mucho, el papel que se le supone a un entrenador. Fue un verdadero amigo. Por su consulta de San José pasaron infinidad de deportistas a los que regalaba su tiempo y daba consejos de experto, siempre con una sonrisa y una cara amable. Su ayuda no se limitaba a la consulta sino que se extendía al quirófano. Como atleta como entrenador, sabía que los plazos de recuperación del deportista no son los mismos que un paciente que no haga deporte. Su carrera como entrenador, honorario, ha culminado después de dirigir los pasos de muchos atletas, con la puesta a punto de estas dos perlas, Ben y Carballada. Lleguen a donde lleguen, que ojalá sea muy lejos, lo harán con la impronta de Mariano. El atletismo debe mucho a este caballero del deporte.

    • No podría estar más de acuerdo contigo Luís. Yo mismo he entrenado muchos años con Mariano Castiñeira (a un nivel mucho menor que estos dos figuras) y, para mi, ha sido mucho más que un entrenador. Se ha preocupado por inculcar valores a sus atletas que van mucho más allá de los meramente deportivos además de mostrar verdadero interés por nuestra formación académica, atender a todo aquel que tenía problemas físicos en las pistas fuese de los suyos o no, estar al pie del cañón todos los días haga sol, llueva o nieve y sobretodo siendo una de las personas más humildes y cercanas que haya conocido nunca.

    • Gracias por comentar, me agrada ver que el texto ha gustado y al mismo tiempo espero que sirva e invite a la reflexión.

      En cuanto a Mariano Castiñeiras, mi texto no hace ver que su figura pasase desapercibida, sino que desde que sus discípulos marchan muchos olvidan el gran trabajo que él ha realizado, no solo en estos últimos casos, sino que ya viene de atrás.
      Mi texto busca un reconocimiento social a la figura del entrenador de base, del técnico de formación.
      Es muy bonito llegar a una pista de atletismo y ver como tu atleta bate marcas, posa para las fotos y el técnico de turno se lleva el merito, lo difícil es, durante años y años preparar al atleta para que pueda llegar a ese momento. Si un técnico se esfuerza y sacrifica por darle lo mejor a sus atletas, lo mínimo que se debe es reconocerle el trabajo y darle las gracias.

      Hablé de Mariano en el texto, de Leocadio, de Ramón, también podía haber hablado de Luis Sanmartin el técnico que se encargó de formar a Tariku que este año también está en Madrid, no me cabe ninguna duda que Tariku acabara destacando, mas temprano que tarde, ese día, vamos a ver cuantos se acuerdan del trabajo que realizó Luis con este joven en Noia .

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