Gracias y lo siento. Esas fueron mis palabras al cruzar la meta. Y son con las que comienzo mi post de la crónica
BEHOBIA-SAN SEBASTIÁN
Salamanca, Vitoria, Tolosa, Donosti. Fue el trayecto hasta recoger el dorsal.
Llegada a Behobia en el bus lanzadera tras pasar por Irún yendo en un tren lleno de gente. Ya en la gasolinera donde había quedado con Luis. Tardé en encontrar a mi compañero de fatigas y eso que estábamos a 5 metros pero un muro nos separaba. Ya hacía bastante calor.
Suena Mi gran noche de Raphael y me vengo arriba y luego la Revolución sexual de La Casa Azul y más de lo mismo.
Nos colocamos en nuestro cajón que nos llevaría a la salida. Suenan AC/DC, Loquillo, y nos echamos unos bailes con La Bamba. Las pulsaciones por las nubes.
Y dan la salida y poco a poco, cogemos el ritmillo. Ya mucho público desde la línea de salida y esto no cambiará, salvo excepciones.
En la entrada a Irún ya iba un poco alucinando y descolocado con la gente. Animando con todas sus fuerzas. Allí nos esperaba la familia de Luis y Penny con una sonrisa y asolanándose de lo lindo las pobres.
Luis, como siempre, con mucha cabeza y echándome el freno cuando lo consideraba oportuno. No íbamos de cháchara, muy pendientes de nuestro alrededor.
La subida al paso por Ventas de Irún nos avisa de lo que nos espera. No es una subida muy larga, pero sí dura. Y en seguida Luis me echa el freno.
Me había estudiado desniveles y distancias, pero no sé si eran los nervios, el público. Pero estaba muy despistado.
Descontrol en el segundo avituallamiento. No había agua. Había que servirse de unos cubos. En los demás todo correcto. Decir que en todos los avituallamientos paramos a beber. Porque aquello era una auténtica locura. Y había que beber sí o sí, porque se superaban los 25 grados.
Y así como quien no quiere la cosa llegamos a lo duro. Esa subida de nombre impronunciable para los no vascos. Al tran tran me dice Luis, que se va a hacer largo. Por momentos me acelero, pero vuelvo al ritmo de Luis.
Parece que no llega el final de la curva con lo que sería la final de la subida, y encima a veces entra viento molesto.
Mucha gente a los lados, los camiones pitan al pasar. Todo el mundo animando. Dando las gracias por los ánimos. Sonriendo.
Llega la bajada y esta es la parte más fea y desierta. Se agradecen las sombras de los árboles. Y muy de vez en cuando hay alguien animando.
Llegamos a Errenteria y aquí ya es el acabóse. Una calle de gente. Literal. Todo el pueblo a ambos lados. Los pelos de punta. Al igual que los tengo ahora al recordarlo.
Una pasada, de verdad. Les devolvíamos los aplausos y les dábamos las gracias. Unos paisanos con una buena mesa de comida y bebida.
Llega Capuchinos. Subida durísima. Corta pero pufff. Más adelante más subidas y bajadas que te rompen el ritmo.
Y llegamos a Miracruz y reservando. Larga subida, durilla y con bastante público.
A partir de aquí, ya no iba bien (o no sé desde dónde). No a nivel de piernas. Fue a nivel de estómago. No había bebido nunca tanta agua en una carrera. Notaba que el agua botaba en el estómago. Y bebía en el siguiente avituallamiento y no me quitaba la sed. Pensándolo de vuelta en el tren llegué a la conclusión de que llegué a meta deshidratado y que mi cuerpo no había asimilado todo el agua que había bebido.
Los últimos kms iba totalmente perdido. Menos mal que estaba Luis, que a partir de aquí se convirtió en mi guardaespaldas y protector. La primera parada que hice fue por un pequeño dolor de cabeza y él a mi lado. Las siguientes con náuseas.
Ahí ya no pensaba en mí, pensaba en Luis. Le estaba jodiendo la carrera que tanto había preparado. Y de ahí mi bloqueo mental y agobio. Luis no paró de animarme desde aquí hasta meta.
Mucho antes de entrar en Donosti. Ya a los dos lados. Gente agolpada. Como en las llegadas de cualquier vuelta ciclista. En una de las paradas una mujer gritando mi nombre para que avanzara.
En la recta de meta estaban nuestras fans incondicionales dándonos los últimos ánimos.
Ojalá estos dos largos (para mí) kilómetros hubieran pasado de otra manera pudiendo sonreír y no llegar desencajado a meta.
Esa laaaarga recta interminable tendré que disfrutarla y a lo grande, así que ahí lo dejo...
El tiempo: 1h56'41". Que después de todo y pensándolo fríamente tampoco está tan mal y después de todos los sucesos durante la carrera con fallecimiento incluido.
Tras cruzar la meta, recibimos la medalla, nos quitamos el chip y nos dan la bolsa. Con galletas, agua, powerade, manzana y mandarina que me dio la vida. Y una cervecita con limón que me revitalizó. Después a coger la bolsa del guardarropa y a ver a las animadoras. Que estaban sentadas a la sombra.
Fotos, postureo, intercambios de opiniones y anécdotas entre los que habíamos corrido y las que lo habían dado todo animando.
Y luego los siete camino de nuestras respectivas estaciones para poner rumbo a casa.
Y aunque ya te lo he dicho, Luis, muchas gracias! Que eres un tío cojonudo.
Ha sido un fin de semana para recordar, en todos los sentidos, antes, durante y después de la carrera. Un besazo a Penny, que una vez ha estado ahí, aguantando, todas esos rituales que tenemos los corredores. Y más si somos de esos del postureo.

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"La vida empieza donde termina tu zona de confort"



