
Originalmente escrito por
SanchoPanza
Mucho me parece a mí, a raíz de lo que he observado al respecto, y de lo que me he interesado por el asunto tratado en este post, que debemos, en lo posible, discernir entre lo que es un trastorno neurológico -que es algo cierto, existente, que está ahí y que presenta indicios contundentes, como podría ser el nivel de serotonina en las sinapsis- y lo que es nuestros hábitos de conducta a lo largo de nuestras vidas.
No me cabe apenas duda de que cuanto más abierta, más ilustrada, menos prejuiciosa u oscurantista sea nuestra actitud ante la vida, menor es la probabilidad de padecer trastornos físcicos de diversa índole. Pero eso quiere decir que no los podamos padecer.
Por más saludable e ilustrada que sea nuestra respuesta ante las adverdidades, si por ejemplo nos han amputado media pierna izquierda, padecermos sus inconvenientes y, por tanto, usar una prótesis me parece algo razonable. Ahora bien, si viviéramos en un mundo donde no fuera posible acceder a prótesis, esa actitud sana y clara ante la vida, nos permitirá prosperar en mayor medida ante la adversidad.
Y, por otra parte, aunque nos implanten una prótesis, nunca gozaremos de las completas ventajas de una pierna orgánica, de modo que esa actitud mencionada ante la vida, nos reportará beneficios.
Consideremos los ansiolíticos y antidepresivos como algo asimilable a unas muletas, como tú y otro forista han mencionado en otra ocasión. Las muletas nos ayudan a caminar. Bien. Decís, a partir de ahí, con una determinada actitud ante la vida, con la atención plena y la meditación, estas prótesis pueden resultar innecesarias en el futuro. ¡Es posible que sea así y bienvenido sea, pero no esperemos tener plenas garantías de que eso sea así! Las muletas y la actitud vital pueden operar de forma independiente y favorecedora.
De vez en cuando, transcurrido un período prudencial, uno puede probar a ver si puede caminar sin muletas. Esa prueba me parece sensata. ¿Para qué emplear las muletas si cabe la posibilidad de caminar sin ellas? Pero bien puede suceder que, a pesar de todos nuestros avances en la aceptación de la adversidad, la sana resignación, nuestra fisiología, nuestro sistema nervioso siga siendo disfuncional. Y, por tanto, no conviene desafiar esa disfuncionalidad mediante técnicas meramente conductuales. No podemos subestimar el poder que tiene el dolor y el trastorno físico para nublar nuestra mente. De modo que si hay medicaciones que puedan paliarlo, me parece aconsejable tomarlas si sabemos que el trastorno físico sigue ahí.
No tengo duda de que determinadas terapias conductuales (y la meditación es una terapia conductual) reducen la propensión a que la depresión o la angustia nos incapaciten en nuestras vidas. Pero no hay ninguna garantía de que eliminen de raíz estos trastornos físicos. El maestro de meditación o el psicólogo siempre nos podrá culpar de que no hemos empleado correctamente estas técnicas. Y es posible que tenga razón, pero no nos puede culpar por ello. Estas técnicas conllevan enormes dificultades, y los humanos tenemos nuestros recuerdos, hábitos, nuestra memoria con huella neural, etc. Podemos estar programados para reproducir conductas que nos llevan a consecuencias desastrosas.
En conclusión, no cerremos los ojos ante la posibilidad de encontrar modos de afrontar nuestra experiencia vital de un modo más nítido, menos lingüístico, pero tampoco subestimemos la influencia del aspecto físico o material estudiado y registrado por los neurólogos. Cerrarnos en banda y dedicarnos sólo a afrontar el problema en una sola de las dos dimensiones, probablemente nos conducirá al fanatismo, a la permanente insatisfacción y el problema se agravará.
Me explico. Si centramos todas nuestras esperanzas en la meditación y, a pesar de ello, la intensidad del trastorno físico nos dificulta mucho el adoptar un tratamiento psicológico adecuado, probablemente acabaremos abandonando ambas posibilidades de tratamiento.
Si centramos todos nuestras esperanzas en la medicación y, con todo, sentimos que nuestra vida sigue siendo un cúmulo de miedos y ansiedades, entonces también abandonaremos toda esperanza de curación.
Por último, son múltiples los testimonios de psicólogos, también los que proponen técnicas de meditación y atención plena, que nos dicen que el tratamiento con antidepresivos es vital en algunos casos para ser receptivo a las técnicas psicológicas propuestas. Y también los psicólogos más abiertos de mente reconocen que esas muletas pueden ser necesarias en todo momento, lo cual no quita que las técnicas conducturales o de meditación, puedan ser un complemento de inapreciable valor, puesto que si estas técnicas reportan beneficio en las personas sanas que se desenvuelven bien sin medicación, mucho mayor beneficio reportarán a quienes padezcan trastornos neurológicos de toda índole.