Cuando pensamos en un análisis biomecánico de la forma de correr o caminar de una persona, con frecuencia lo relacionamos con la visita que realizamos a algún especialista -que, normalmente, es un podólogo-, para poder determinar el origen de alguna lesión que nos está alejando del deporte o la actividad que más nos gusta.

Pero la realidad es que son muchos más los casos en los que estaría indicado dicho estudio como seguidamente expondremos.

Presiones en el pie

Analizar qué presiones tenemos en la superficie del pie nos ofrece una idea de qué áreas del pie están teniendo una mayor exposición a determinadas fuerzas.

Estas fuerzas mantenidas podrán, a medio o largo plazo, generar lesiones diversas en diferentes zonas que no sólo quedarán circunscritas al pie.

Hablando del pie, si las presiones no están bien equilibradas, podremos encontrarnos desde simplemente lesiones dérmicas en forma de callosidades o ampollas, a lesiones más profundas a nivel óseo o articular.

Cuando hablamos de pieles muertas o duricias, muchas veces oímos que son una protección de nuestro cuerpo. Dicha afirmación se coge con pinzas, pues la realidad es que nos muestran qué zonas de la piel se están viendo comprometidas con un aporte sanguíneo mucho menor del que sería fisiológico.

Me explico: para poder subsistir, cualquier célula precisa, sobre todo, de oxígeno y nutrientes que son aportados por la sangre. Pues bien, si la sangre se ve comprometida en irrigar determinadas áreas dérmicas por un exceso de presión, provocará la muerte celular prematura, es decir, la duricia. De hecho, presentar duricias es una muestra de que algo no está funcionando del todo bien en nuestra biomecánica.

Lo mismo puede extrapolarse a zonas más profundas como cualquier articulación y, por supuesto, el pie tiene bastantes. Una presión no fisiológica en estas articulaciones facilitará la degradación de estas, acabando inexorablemente (con el tiempo necesario) en una artrosis.

Un ejemplo claro son los llamados Hallux limitus, donde la articulación del primer dedo a la altura del primer metatarsiano queda limitada por su degradación: pasa de tener una flexión dorsal normal próxima a los 70 grados a no superar los 30 grados.

Posturas

Cuando analizamos posturas corporales, en realidad deberíamos imaginarlo como un conjunto de ejes de fuerza, los cuales, como en cualquier sistema de fuerzas, podrán desarrollarse de maneras más o menos eficiente.

Entendemos como eficiencia la capacidad de amortiguar esas fuerzas o desarrollarlas según sea el caso por parte de estructuras articulares o musculares.

Consecuencias articulares

Cuando una postura a nivel articular no es eficiente, hacemos referencia a angulaciones articulares, las cuales sobre esta provocarán presiones que, en muchas ocasiones, como hemos visto en el Hallux Limitus, acabarán en degeneración, pues se presentaría en zonas muy concretas de la articulación una presión mayor a la normal para un flujo sanguíneo correcto de la zona.

En una rodilla desviada en X, por ejemplo, hay una mayor presión en la zona externa de la rodilla, por lo que será previsible que a medio o largo plazo esa rodilla se acabe degradando por la zona externa.

Lo anterior es extrapolable a cualquier articulación que gestione carga, pero que no lo haga por la mayor superficie posible, pues una reducción de la superficie de contacto será siempre igual a un aumento de la presión de la misma.

Consecuencias musculares

Cuando una postura no es la más eficiente, los ejes de movimiento en comparación con la trayectoria de cada músculo generarán lo que en física conocemos como el torque más o menos eficiente.

O, dicho de otro modo, en función de la posición de esa articulación, la capacidad de generar fuerza para conseguir el movimiento o postura deseada no será la misma.

Un ejemplo lo tenemos en los pies hiperpronados, donde esa torsión interna del pie va a generar más dificultad en musculatura como el tibial posterior o el triceps sural para despegar el pie del suelo. Esto puede derivar desde en una perdida de capacidad para ser mas rápidos y en disminuir la capacidad de realizar largas distancias por facilitar la fatiga muscular, pero también en la función de recepción del pie al inicio del paso, donde debe trabajar para que el aterrizaje sea más suave y, por lo tanto, puede acabar siendo traumático para todo el primer radio.

Las patologías musculares asociadas a una posición como la hiperpronación del pie, serán desde una fascitis plantar, una tendinitis del tibial posterior y una aquileitis como las más características.

Esa hiperpronación del pie arrastrará a toda la extremidad en rotación interna, por lo que facilitará desplazamientos de la rótula en dirección externa que puede acabar con condromalacia rotuliana o en el conocido síndrome de la cintilla iliotibial o rodilla del corredor.

En cadera podrá facilitar (por una tensión superior a la deseable en la musculatura que estabiliza la cadera) desde un síndrome del piramidal a una trocanteritis.

La cosa se complica cuando tenemos una asimetría importante en nuestras extremidades inferiores o una pierna adopta una postura diferente a la contralateral.

Esa asimetría generará consigo cargas asimétricas a nivel articular y tensiones asimétricas a nivel muscular.

Aquí nos encontraremos pacientes con una patología que suele afectar siempre a la misma pierna debido al superior estrés que ésta acaba sufriendo en presiones y tensiones asimétricas.

Al llegar a la cadera, la situación no es menos importante, la basculación y/o rotación de ésta facilitará lesiones como trocanteritis, sacroileitis y hasta un choque femoroacetabular que puede ser la antesala de una artrosis prematura en esa cadera.

Una cadera que no esté equilibrada provocará la necesidad por parte de la espalda de modificar su postura para conseguir ser estables y aquí tendremos facilitadas desviaciones como la escoliosis, la hiperlordosis, cifosis y rotación de cuerpos vertebrales.

Esa posición vertebral poco correcta va a facilitar compresiones del disco intervertebral que puede acabar, en los casos más leves, en una protrusión y, agravándose, en una hernia discal.

El análisis por parte de un especialista de todos estos factores es de suma importancia para garantizar desde un aumento en la eficiencia en el deporte que realicemos hasta una reducción de lesiones o deformaciones a medio o largo plazo.

Se debe analizar la postura en todos los planos posibles, las presiones en estática y dinámica y, en muchos casos, también medir la fuerza muscular e incluso la actividad electromiográfica, teniendo en cuenta factores a la hora de ser realizados como la fatiga o las lesiones, entre otros, que nos condicionarán el resultado pues darán valores mucho más deficientes.

Obviar estos detalles o un diagnóstico poco correcto puede desembocar en que el deporte que más nos gusta acabe dándonos situaciones poco deseables, incluso en la vida cotidiana.

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