Primero fue el fisiólogo Yannis Pitsiladis. Él fue el responsable de esta tormenta de noticias, datos y secretos que circulan y se escriben en torno al intento (o aventura) de bajar de las dos horas en la maratón.

Pero ha sido la firma estadounidense Nike la que lo ha puesto en boca de todos en los últimos meses. La firma de Oregón ponía en marcha su propio proyecto, Breaking2, en el que afirmaban que romperían la barrera de las dos horas en maratón y que, además, lo harían en este 2017. Muchas preguntas sin respuesta y muchas dudas que, aún a día de hoy, no han sido despejadas.

Se hablaba de un circuito legal pero no en condiciones homologables. Esto quería decir que el atleta se vería beneficiado por ayudas extra para lograr tal hazaña. Los rumores apuntaban a un revolucionario producto, una zapatilla o algún tipo de componente que se colocaría en la misma y que haría posible que el atleta corriera más rápido con el mismo esfuerzo. Marketing, ¿o no?

Desde ayer se sabe algo más. El proyecto Breaking2 ha desvelado que el lugar elegido para su intento de romper la barrera de las dos horas será el autódromo de Monza, en Italia. Resulta, cuando menos, romántico y al mismo tiempo curioso que Nike elija esta localización, el “templo de la velocidad”, para su hazaña deportiva.

monza

Nike también ha desvelado que, para la ocasión, se ha estado trabajado en nuevos materiales. Los atletas del proyecto están testando una nueva indumentaria, se dice que llevarán malla corta con algo de compresión en zonas específicas en vez de pantalones. También se han desarrollado unas nuevas zapatillas, con una “espuma” (ZoomX) con un retorno del 85% de la energía empleada en el impacto y una placa de fibra de carbono para facilitar el desplazamiento. Se conocerán como Nike Zoom Vaporfly Elite, aunque realmente son una personalización para cada atleta de las también nuevas Nike Zoom Vaporfly 4%, indicando el porcentaje de economía de carrera que se ahorrarán los atletas con ella, según el test de Rodger Kram (Fisiólogo de la Universidad de Colorado).

nike zoom vaporfly

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que el proyecto está más encaminado a un impacto comercial (nueva ropa, nuevas zapatillas, nuevos materiales…) que a un intento real de romper la barrera de las dos horas. Y es que, aunque se han desvelado muchos de los secretos herméticos con respecto al proyecto, seguimos sin conocer las condiciones sobre las que se va a desarrollar la prueba.

Falta saber cómo reaccionara Yannis Pitsiladis y su proyecto sub2h, para el que cuenta con la ayuda de adidas, la competencia más directa de la firma norteamericana. Pero Nike y su Breaking2 parecen haberse adelantado en la lucha por ser los primeros en hacer historia, una lucha que nos recuerda a la de la antigua Unión Soviética y los Estados Unidos por ver quién era el primero en poner un hombre en la luna.

Pitsiladis cree en su proyecto pero está convencido de que es un proyecto a largo plazo, de detección de jóvenes talentos provenientes, probablemente, del Valle del Rift, nuevos métodos de entrenamiento, investigación en el campo de la alimentación y, por supuesto, el componente comercial, un material revolucionario que logre que el atleta pueda correr más rápido.

Esto no es nada nuevo. Bill Bowerman, hacia finales de los años 60, fabricaba él mismo las zapatillas para todos los atletas de su equipo. El motivo: el peso. Llegó a la conclusión de que aligerando unos gramos cada zapatilla el atleta podía soportar menos carga a lo largo de sus pruebas y, por lo tanto, podía lograr una mayor economía en la carrera, que se traduciría en mejores marcas. Claro que cuando Bowerman hacía esto, el marketing y la importancia comercial que se le daba a las firmas deportivas no era la que vivimos hoy en día.

La cuestión que muchos se plantean y otros muchos se cuestionan es si se tratan de proyectos serios, o si detrás de todo esto no hay más que una gran campaña publicitaria de los dos grandes gigantes del material deportivo.

Kenenisa Bekele, que forma parte del proyecto de Pitsiladis, pero que a su vez es patrocinado por la firma americana, afirmó en Dubái que ahora mismo no puede bajar de las dos horas en maratón, que es imposible hacerlo con una preparación normal.

Pero no nos quedemos aquí. Vamos a analizar lo que supone bajar de dos horas en maratón, el objetivo que quiere lograr Nike en los próximos meses.

Correr una maratón por debajo de las dos horas supone hacerlo a una media de 2:50.61 por kilómetro, o lo que es lo mismo, correr parciales de 5 kilómetros en 14:13.18, parciales de 10 kilómetros en 28:26.36 y el paso por la media maratón se debería hacer, evidentemente, en 59:59.99, siempre que se corra a un ritmo uniforme, que es la clave para poder lograr cualquier tipo de récord mundial en larga distancia.

Si comparamos estos parciales con los de Eliud Kipchoge, buque insignia de Breaking2, que tiene una mejor marca de 2h03:05 conseguida en el Maratón de Londres 2016, y con los de otros de los hombres más rápidos del mundo en la prueba, podemos ver con más claridad la dificultad que esto supone.

Breaking2

La diferencia de tiempos de paso necesarios para bajar de las dos horas con respecto a los tiempos de paso empleados por los tres hombres más rápidos que han corrido la prueba es abismal. Ninguno se ha acercado en ningún momento al ritmo necesario para tal hazaña. Sólo Kipchoge lo hizo tímidamente en Londres en el primer tramo de la carrera, ya que está en descenso. Y, aun así, lo hizo más lento.

De todos ellos, sólo Dennis Kimetto, en Berlín, fue capaz de correr un solo parcial de 5 kilómetros más rápido que el ritmo de crucero para bajar de las dos horas. Lo hizo del kilómetro 30 al 35, cuando lo cubrió en 14:09 (a 2:49,80 por kilómetro).

Viendo estos datos, se antoja complicado ver una marca cercana a la barrera de las dos horas por ahora, salvo que se den circunstancias excepcionales y que se salga de la normalidad.

En el circuito “Junior” de Monza de 2.4 kilómetros de longitud, que es donde se desarrollará la prueba, el trazado cuenta con un desnivel de 5 metros por vuelta. También es cierto que cuenta con dos largas rectas y hay quien se ha atrevido a afirmar que se van a colocar unos ventiladores gigantes que ayuden a los deportistas con viento de cola. No sería la primera vez que se hace.

El fenómeno de las carreras populares han hecho posible que el maratón se convierta en la prueba estrella cada año. El dinero es el principal motivo, es el condicionante monetario el que hace que los portentosos atletas del Valle del Rift den el salto cada vez más pronto a la ruta y se conviertan en grandes especialistas en estas pruebas. Especialistas que, así como llegan se van.

Los grandes grupos de entrenamiento en Kenia preparan con mimo las grandes maratones comerciales y cada vez son menos los atletas africanos que preparan la pista de manera específica. Esto también ha propiciado que sobre el tartán los atletas “blancos” les estén arrebatando algunas medallas en pruebas donde hace una década habría sido impensable.

Sirva como ejemplo la diferencia en el medallero entre los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, en el que entre Etiopía y Kenia se llevaron 13 medallas de las 18 posibles en las pruebas de medio fondo y fondo (desde los 800 metros hasta maratón), incluyendo el oro en todas ellas, y los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde sólo consiguieron llevarse 9, y en los Juegos de Río 2016 la cifra disminuyó a 7.

Sin embargo, en el año 2008, para estar en el top 10 del maratón tenías que ser capaz de correr en 2h06:25. Ahora hay que acreditar una marca inferior a 2h05:21, más de un minuto por debajo que hace menos de una década.

 

Es difícil, por no decir imposible, ver este año una marca mundial válida y homologable por debajo de las dos horas en la prueba, pero el récord mundial puede ser rebajado.

Desde 2014, Dennis Kimetto ostenta una plusmarca mundial de 2h02:57 y ahora son varios los atletas que están centrados en superarlo. Entre ellos, Kenenisa Bekele ha sido el que más interés ha mostrado por convertirse en el hombre más rápido del mundo sobre la distancia.

Pero Bekele sabe que está ante sus últimos años como atleta de élite. Con 34 años a sus espaldas, Bekele tiene el cuerpo castigado por las lesiones, fruto de las palizas casi diarias a las que lo ha sometido a lo largo de estos años. Palizas que lo convirtieron en el mejor corredor de campo a través entre los años 2001 y 2007 y en el mejor fondista sobre el tartán.

Tras su gran marca en Berlín, el etíope ve en el récord mundial de la distancia la gran oportunidad para cerrar su etapa profesional saliendo por la puerta grande. En caso de lograrlo se convertiría en el primer atleta de la historia en ostentar las plusmarcas mundiales de 5.000 metros, 10.000 metros y maratón al mismo tiempo.

Lo intentó en el pasado Maratón de Dubái, pero no tuvo su día. Una caída nada más darse la salida frustraron la carrera. Volverá a la carga en Londres, en el mes de abril, en una prueba donde, a pesar de que el recorrido no es tan favorable como el de Berlín, Chicago o Dubái, vio cómo el año pasado Eliud Kipchoge corría en 2h03:05 para llevarse la victoria.

Y no sería descabellado ver un año de maratones con 3 o 4 atletas por debajo de las 2h03:30.

Otro de los focos de atención será ver quiénes integrarán el equipo etíope y keniata en los mundiales de Londres, pero ya hablaremos con más calma y profundidad sobre ello más adelante.

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